Breve novena a la Virgen de Lourdes

Virgen de Lourdes y Bernardette

Te pedimos Señor, que nosotros tus siervos, gocemos siempre de salud de alma y cuerpo; y por la intercesión de Santa María, bajo su advocación de la Virgen de Lourdes, líbranos de las tristezas de este mundo, concédenos las alegrías del cielo, y la gracia especial que solicitamos en esta novena.

Por Cristo Nuestro Señor.

Amén

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Hora Santa

Santa Margarita María de Alacocque

Caía la tarde del Jueves Santo… Junto con las primeras sombras, los horrores de una agonía espantable inundaban ya el Corazón desgarrado de Jesús… El Nazareno Salvador era el Hijo del Hombre…, tenía una madre, ¡única en su ternura, divina en su hermosura! Su cariño y mirada eran para Jesús más que el cantar de los ángeles, más que el aura perfumada de los cielos… Era Ella la bendición del Padre… ¡Y debía dejarla, por amor de los humanos! ¡Oh, Jueves Santo, día de las despedidas supremas del Maestro!… Había llegado su hora: postrado en tierra, de rodillas ante la Virgen María, el Hijo-Dios le pide licencia para morir, en redención de sus verdugos… Y entrecortada la voz por los sollozos, descansando su cabeza soberana sobre el pecho de su Madre, le confía Jesús a las ovejitas recobradas del rebaño… María le tiene estrechado entre los brazos, puesto el recuerdo en la cuna de Belén, y los ojos, milagrosamente iluminados, en el Calvario del mañana… Y esa Reina llora, ungiendo la cabeza del redentor con sus preciosas lágrimas…; llora, ofreciendo al Eterno Padre esa Víctima, el Cordero Inmaculado…; llora, bendiciendo al mundo, cuyo rescate comenzó en la casita dichosa de Nazaret, y que terminará al siguiente día en un cadalso de horror, de sangre y de vergüenza… Abraza, delirante de amor, al Hijo, y antes que las espinas profanen su frente, la besa en nombre del cielo, porque es su Dios…; vuelve a besarlo en nombre de la tierra, porque es su Rey…, y pronuncia un ¡fiat! desgarrador, omnipotente… Era ya la noche; Jesús ha confiado su madre desolada a los amigos de Betania y a los ángeles, y se aleja, llevando el alma anegada en una agonía más amarga que la muerte…

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Los siete domingos en honor a San José – Primer Domingo

San José
San José

Toda la vida de San José fue un acto continuo de fe y obediencia.

Hay una maravillosa tradición cuyo origen se remonta al siglo XVI que consiste en dedicar los siete domingos anteriores a la fiesta de San José, a acudir con especial detenimiento al Esposo de María Virgen, para expresarle cariño y pedirle mercedes.

Se suelen «contemplar» o considerar, los principales misterios acontecidos a los largo de su vida en la tierra entretejidos de gozos y dolores, en los que se refleja de algún modo toda vida humana, la nuestra, y en la que encontramos luz, serenidad, fortaleza, sentido sobrenatural, amor a Dios Padre, a Dios Hijo, a Dios Espíritu Santo y a la Santísima Virgen.

Toda la vida de San José fue un acto continuo de fe y obediencia en las circunstancias más difíciles y oscuras en que le puso Dios. Él es al pie de la letra “el administrador fiel y solícito a quien el Señor ha puesto al frente de su familia” (Lc 12, 42). Desde tiempo inmemorial, la Iglesia lo ha venido venerando e invocando como continuador en ella de la misión que un día tuviera para con su Fundador y Madre.

En los momentos de noche oscura, el ejemplo de José es un estímulo inquebrantable para la aceptacíón sin reservas de la voluntad de Dios. Para propiciar ese veneración e imitación y para solicitar su ayuda, ponemos a continuación el siempre actual Ejercicio de los siete Dolores y Gozos.

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