Preces por los Difuntos

PLEGARIA 1

Oremos a Dios, Padre todopoderoso, que ha resucitado a Jesucristo de entre los muertos y vivificará también nuestros cuerpos mortales, y digámosle:

Señor, danos la vida en Cristo.

Padre santo, ya que por el bautismo hemos sido sepultados con Cristo en la muerte y con él hemos resucitado, haz que de tal forma andemos en vida nueva, que, aun después de nuestra muerte, vivamos para siempre con Cristo.

Padre providente, que nos has dado el pan vivo bajado del cielo, para que lo comamos santamente, haz que al comerlo tengamos vida eterna y resucitemos en el último día.

¡Oh, Señor, que contemplas cómo caminamos desterrados y lejos de ti guiados sólo por la fe!, haz que después de nuestra muerte podamos contemplarte con alegría en la visión de tu gloria.

¡Oh, Señor, que enviaste un ángel para que confortara a tu Hijo en la agonía de Getsemaní!, dígnate consolarnos en nuestro tránsito con la dulzura de tu esperanza.

Tú, que libraste a los tres jóvenes del fuego ardiente, libra también a las almas de los difuntos del castigo que sufren por sus pecados.

Dios y Señor de vivos y de muertos, que resucitaste a Cristo del sepulcro, resucita también a los difuntos, y a nosotros danos un lugar junto a ellos en tu gloria.

Padrenuestro

PLEGARIA 2

Oremos al Señor Jesús, que transformará nuestro cuerpo frágil en cuerpo glorioso como el suyo, y digámosle:

Tú, Señor, eres nuestra vida y nuestra resurrección.

¡Oh, Cristo, Hijo de Dios vivo, que resucitaste de entre los muertos a tu amigo Lázaro!, lleva a una resurrección de vida a los difuntos que rescataste con tu sangre preciosa.

¡Oh, Cristo, consolador de afligidos, que ante el dolor de los que lloraban la muerte de Lázaro, del joven de Naín y de la hija de Jairo, acudiste compasivo a enjugar sus lágrimas, consuela también ahora a los que lloran la muerte de sus seres queridos.

¡¡Oh, Cristo, Salvador!, destruye en nuestro cuerpo mortal el dominio del pecado por el que merecimos la muerte, para que obtengamos en ti la vida eterna.

¡Oh, Cristo, Redentor!, mira a los que, por no conocerte, viven sin esperanza, para que crean también ellos en la resurrección de los muertos y en la vida del mundo futuro.

Tú, que al dar la vista al ciego de nacimiento hiciste que pudiera mirarte, descubre tu rostro a los difuntos que todavía carecen de tu resplandor

¡Oh, Cristo, siempre vivo para interceder por nosotros y por todos los hombres!, enséñanos a ofrecer el sacrificio de la alabanza por los difuntos para que sean absueltos de sus pecados.

Tú, Señor, que permites que nuestra morada corpórea sea destruida, concédenos una morada eterna en los cielos.

Padrenuestro

5 minutos al día que cambiarán tu vida