Novena a San Felipe Neri (17 al 25 de mayo)

San Felipe Neri
San Felipe Neri

Día primero (17 de mayo)

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

BREVE HISTORIA

San Felipe nace en Florencia en 1515. Es uno de los cuatro hijos del notario Francisco Neri y de Lucrecia Soldi. Siendo muy pequeño pierde a su madre pero encuentra el necesario amor materno en la segunda esposa de su padre.

Felipe es un niño afable, obediente y amante de la oración. Tiene un carácter muy atrayente y modesto, nunca se le ve hablando mal de nadie. Esta bondad no pasa desapercibida y, por eso, comienzan a llamarle “Pippo Buono”.

Sus padres se preocupan por su educación: desde los once años lo llevan a las clases que imparten los padres dominicos del Monasterio de San Marcos. Allí aprende a amar la virtud y a huir de las vanidades del mundo.

DOCTRINA

“El alma que se ha entregado a Dios es toda de Dios”.

“El amor que se da a los padres y a la sangre, a los estudios o a uno mismo, se le quita a Dios”.

“La cantidad de amor que se pone en las criaturas, se le quita a Dios”.

“Para alcanzar el amor de Dios no existe camino más corto y seguro que desprenderse del amor de las cosas del mundo, – aún de las pequeñas y de poca importancia -, y del amor a sí mismo, prefiriendo que se cumpla en nosotros la voluntad de Dios y trabajar en su servicio más que nuestra satisfacción y deseo”.

“Quien quiere algo distinto a Cristo no sabe lo que quiere. Quien pide otra cosa que Cristo no sabe lo que pide. Quien obra, pero no por Cristo, no sabe lo que hace”.

Petición particular para este día.

LETANÍAS

San Felipe – Ruega por nosotros.
Vaso de Espíritu Santo – Ruega por nosotros.
Hijo de María – Ruega por nosotros.
Apóstol de Roma – Ruega por nosotros.
Consejero de papas – Ruega por nosotros.
Voz profética – Ruega por nosotros.

Señor Dios, que no cesas de enaltecer a tus siervos con la gloria de la santidad, concédenos que el Espíritu Santo nos encienda con aquel mismo fuego que abrasó el corazón de San Felipe Neri. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

Día segundo (18 de mayo)

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

BREVE HISTORIA

Francisco Neri quiere asegurar el futuro de su hijo, por eso cuando Felipe cumple 18 años le envía a San Germán, ciudad cercana a Monte Casino. Allí vive Rómulo, tío de
Felipe, que regenta un próspero comercio y no tiene herederos.

En esta época, Felipe visita Gaeta, un monte junto al mar que según la tradición se rasgó por la mitad en el momento en que Jesús expiró. En aquel monte hay una ermita con una cruz para que se medite la Pasión del Señor. Contemplando en ese crucifijo el infinito amor de Dios, Felipe decide apartarse de todas las cosas que este mundo valora como riqueza: – dinero, honor, afectos y placeres -; para entregarse total y libremente a Dios.

Sin mirar atrás, Felipe marcha a Roma para vivir como un eremita, ofreciéndose, unido a Jesús Crucificado, por la salvación de los hombres.

En Roma, comienza su vida de oración y penitencia, viviendo en una habitación que le deja el florentino Galeoto Caccia. Una cama, una silla, unos cuantos libros y una cuerda para colgar la ropa, es todo lo que necesita. Viste con tejidos de lana muy sencillos y tan sólo come una vez al día algún panecillo y, a veces, algo de verdura o aceitunas o algún huevo semanal.

Felipe se dedica a la educación intelectual y espiritual de los dos hijos de Galeoto, transformando en dos años, a aquellos diablillos, en dos verdaderos ángeles.

DOCTRINA

“Quien no sube a menudo al Cielo en vida con el pensamiento, peligra mucho de no ir a él después de su muerte”.

“Echaos en los brazos de Dios y preguntadle si quiere algo de vosotros; Él os hará aptos para todo aquello en que os quiera emplear. Si Dios da la carga también da las fuerzas”.

Decía Felipe que era necesario tener gran confianza en Dios y no perturbarse por las contrariedades que nos viniesen, añadiendo que Dios acostumbra, cuando quiere conceder alguna virtud, permitir que el hombre se vea tentado en el vicio contrario; por eso daba como remedio que, cuando viniese alguna tentación, se acordase la persona del gusto sentido otras veces en la oración, y así, fácilmente, vencería las tentaciones.

Petición particular para este día.

LETANÍAS

San Felipe – Ruega por nosotros.
Vaso de Espíritu Santo – Ruega por nosotros.
Hijo de María – Ruega por nosotros.
Apóstol de Roma – Ruega por nosotros.
Consejero de papas – Ruega por nosotros.
Voz profética – Ruega por nosotros.

Señor Dios, que no cesas de enaltecer a tus siervos con la gloria de la santidad, concédenos que el Espíritu Santo nos encienda con aquel mismo fuego que abrasó el corazón de San Felipe Neri. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

Día tercero (19 de mayo)

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

BREVE HISTORIA

Viendo Felipe el éxito que había tenido en la educación de los hijos de Galeoto decide ir a la universidad para formarse más, pues había descubierto que para llevar a las almas a Cristo no sólo se requería un alma santa y fervorosa sino también bien instruida. Estudió filosofía en la “Sapienzia” y teología en “Sant’Agostino”. Estudió mucho hasta que creyó haber aprendido de las universidades todo lo que éstas le podían aportar para mejor amar a Dios y darlo a conocer. A partir de entonces la ciencia del amor se la enseñará Cristo crucificado. Se desprendió de los libros y se dedicó a “la universidad de la oración”, llegando a veces a las cuarenta horas seguidas. Aun así, leía atentamente tanto la Sagrada Escritura como la Summa Teológica de Santo Tomás, obra que le fue muy querida.

Es en este tiempo de ermitaño, que duró diez años, en el que Felipe comenzó la visita a los hospitales, especialmente el de San Jacobo de los Incurables donde sirve como a Cristo mismo a los pobres enfermos, vela en oración noches enteras en las distintas iglesias romanas o en las catacumbas de San Sebastián, duerme en sus atrios, inaugura la peregrinación llamada “la visita a las siete iglesias” y vive solitario, pasando lo más desapercibido posible. En este periodo comienza también con su particular forma de apostolado: se pasea por las plazas, entra en los negocios y en los bancos, y conversa con la gente de temas espirituales de un modo atrayente, especialmente con los jóvenes, a los que solía repetirles: “¿cuándo vamos a comenzar a ser buenos?”.

DOCTRINA

San Felipe decía que uno siempre debe desconfiar y jamás fiarse de sí mismo: “Obra mal, el que se fía de sí mismo así como el que se pone en ocasión de pecar, pensando: “no caeré, no lo permitiré”; en ese caso hay señal manifiesta de que caerá seguro con grave daño a su alma”.

“No hay cosa que desagrade tanto a Dios como el engreírse por la propia estima. Dios permite nuestras grandes caídas para limpiarnos de la soberbia”.

Decía san Felipe que para alcanzar la santa humildad era necesario: “despreciar el mundo, no despreciar a nadie, despreciarse a sí mismo y no hacer caso de verse despreciado”.

Petición particular para este día.

LETANÍAS

San Felipe – Ruega por nosotros.
Vaso de Espíritu Santo – Ruega por nosotros.
Hijo de María – Ruega por nosotros.
Apóstol de Roma – Ruega por nosotros.
Consejero de papas – Ruega por nosotros.
Voz profética – Ruega por nosotros.

Señor Dios, que no cesas de enaltecer a tus siervos con la gloria de la santidad, concédenos que el Espíritu Santo nos encienda con aquel mismo fuego que abrasó el corazón de San Felipe Neri. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

Día cuarto (20 de mayo)

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

BREVE HISTORIA

La víspera de Pentecostés de 1544, a los diez años de haber llegado a Roma, hallándose una noche Felipe en las catacumbas de San Sebastián, pidiendo los dones del Espíritu Santo para poder amar más y ser más perfecto, vio venir del cielo un globo de fuego que penetró en su boca y se dilató en su pecho. El santo se sintió poseído por el amor de Dios en un grado tan elevado, que parecía ahogarle; cayó al suelo, derribado y exclamó con acento de dolor: “¡Basta, Señor, basta! ¡No puedo soportarlo más!”. Desde ese momento el Fuego del Espíritu Santo comenzó a ser el motor de su vida.

Le producía una fuerte palpitación continua que aumentaba cuando se emocionaba en la oración, en las obras de misericordia que practicaba o en el ejercicio sacerdotal de la predicación y la confesión (hablar de Dios y perdonar pecados le hacían arder su corazón en amor divino). Este signo celestial no sólo tuvo como manifestación el continuo resonar de su corazón, que a veces era tan fuerte que hacía retumbar el asiento, la cama o incluso la habitación entera donde se hallaba Felipe, sino que también se manifestó con el abultamiento físico de la cavidad torácica que cubre el corazón junto a la ruptura de dos costillas. A esto hay que añadir la continua fiebre que padecía incluso en las noches invernales más frías. Felipe trató de ocultarlo lo más posible, pues él no buscaba las glorias humanas sino solamente la de Dios.

DOCTRINA

El santo repetía muchas veces que: “el hombre que no hace oración es como un animal irracional”.

“No hay cosa mejor para el hombre que la oración y sin ella no es posible sostenerse por mucho tiempo en la vida espiritual. Por eso, el hombre debe recurrir diariamente a este poderosísimo medio de salvación”.

“El enemigo de nuestra salvación, de ninguna cosa se enoja tanto ni procura impedir con mayor empeño que la oración”.

“No debe una persona, por ideas que se le presenten en la oración, ni por ninguna tentación, dejar de hacerla, antes al contrario, debe aguantar con paciencia, pues el Señor concede en un instante lo que no se ha podido alcanzar en muchos años”.

“La verdadera preparación para la oración es la mortificación”.

Felipe enseñaba a comenzar a orar así: “Nada más levantarse, humillarse ante la Divina Presencia, permaneciendo ante Dios como cosa de ningún valor y manifestando a Dios la propia necesidad e impotencia. Estando así de postrado Dios le enseñará a hacer oración”.

Petición particular para este día.

LETANÍAS

San Felipe – Ruega por nosotros.
Vaso de Espíritu Santo – Ruega por nosotros.
Hijo de María – Ruega por nosotros.
Apóstol de Roma – Ruega por nosotros.
Consejero de papas – Ruega por nosotros.
Voz profética – Ruega por nosotros.

Señor Dios, que no cesas de enaltecer a tus siervos con la gloria de la santidad, concédenos que el Espíritu Santo nos encienda con aquel mismo fuego que abrasó el corazón de San Felipe Neri. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

Día quinto (21 de mayo)

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

BREVE HISTORIA

San Felipe tenía un don especial de piedad para fijarse en los sufrimientos de las personas de su mundo y tratar de poner medios para remediarlos. Movido por este don, Felipe se fijó en dos cosas: primero, en el gran número de peregrinos que viajaban a Roma y no tenían comida, ni techo donde cobijarse, ni alguien que les hablase de Dios y les condujese a un verdadero arrepentimiento de sus pecados; y segundo, en el gran número de enfermos pobres que salían de los hospitales y no tenían dónde pasar su convalecencia para no volver a enfermar. Por ello, con ayuda de su director espiritual – el padre Persiano Rosa – y otros quince laicos muy allegados, funda, en 1548, la “Cofradía de la Santísima Trinidad de los Peregrinos y Convalecientes”.

Felipe sabe que, para hacer bien su misión, no hay que precipitarse sino prepararse bien espiritualmente. Por ello, anima a los miembros de la cofradía a una verdadera vida de oración y amor fraterno. Inaugura la práctica de las “cuarenta horas” para los primeros domingos de cada mes y para la Semana Santa (cuarenta horas de adoración al Santísimo, expuesto por turnos, con charlas espirituales y meditaciones bíblicas hermosísimas predicadas por Felipe). Tan famosas fueron estas charlas, que muchos ajenos a la cofradía también asistían a la adoración para oírle.

En el jubileo de 1550, tras dos años de preparación espiritual, comenzó la obra de la cofradía acogiendo a los peregrinos. En casas alquiladas se les lavaba los pies y se les daba de comer como a señores, se les curaba las heridas, se les lavaba la ropa, etc; después se les hablaba de Dios y se les animaba hacia la confesión y el cambio de vida. Tanto impresionó las acciones caritativas de la cofradía que muchos quisieron participar también, incluso cardenales, nobles o papas. En 1575 la cofradía llegó a atender a unos 145.000 peregrinos y dio muchos frutos de conversión entre peregrinos y participantes.

DOCTRINA

Cuando uno sabe quebrantar la propia voluntad y negar a su alma los propios deseos se halla en buen grado de virtud.

No se debe reservar para sí mismo tiempo ni lugar cuando se trata de ayudar al prójimo. Dejar incluso la oración por la obediencia o por el prójimo no es dejar la oración sino cambiar a Cristo por Cristo. Esto es gran perfección y pocos son los que saben hacerlo, pues se trata de privarse los gustos espirituales para ganar almas para Cristo.

La caridad es la reina de todas las virtudes: todo lo unifica. En una comunidad donde se permanece hasta la muerte, sin cambios a destinos nuevos, donde se multiplican, – más incluso que en las familias naturales, – las ocasiones para la comprensión, el perdón, la ayuda mutua, la discreción, la comunión para las obras comunes de apostolado, el gozo y el dolor compartido que nacen de la caridad y, sobre todo, donde se atiende antes al bien interno que al externo y no se va a las obras exteriores, bajo pretexto de celo, huyendo de las obras internas y domésticas, en una comunidad así encontrarás un paraíso en su interior.

Petición particular para este día.

LETANÍAS

San Felipe – Ruega por nosotros.
Vaso de Espíritu Santo – Ruega por nosotros.
Hijo de María – Ruega por nosotros.
Apóstol de Roma – Ruega por nosotros.
Consejero de papas – Ruega por nosotros.
Voz profética – Ruega por nosotros.

Señor Dios, que no cesas de enaltecer a tus siervos con la gloria de la santidad, concédenos que el Espíritu Santo nos encienda con aquel mismo fuego que abrasó el corazón de San Felipe Neri. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

Día sexto (22 de mayo)

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

BREVE HISTORIA

El confesor de Felipe, Persiano Rosa, estaba persuadido de que éste haría cosas todavía mayores si recibía la ordenación sacerdotal. Aunque el santo se resistía a ello acabó por seguir el consejo de su confesor por humildad y obediencia.

El 23 de mayo de 1551 recibió las Órdenes Sagradas en la iglesia de Santo Tomás in Parione. Tenía 36 años. Fue a vivir con el Padre Rosa y los otros sacerdotes capellanes de San Jerónimo de la Caridad. A partir de ese momento, ejerció el apostolado sobre todo en el confesionario, en el que se sentaba desde la madrugada hasta mediodía, y algunas veces hasta las horas de la tarde, para atender a una multitud de penitentes de toda edad y condición social que acudían a él.

Enseñó a sus penitentes el valor de la mortificación y de las prácticas que ayudan a crecer en la humildad. Algunos recibían de penitencia mendigar u otras prácticas de humillación para vencer el terrible orgullo. Celebraba con gran devoción la misa diaria, cosa que muchos sacerdotes habían abandonado

.

Con frecuencia experimentaba éxtasis durante la misa y algunas veces se le observaba levitando. Para no llamar la atención trataba de celebrar la última misa del día, en la que menos personas había. Felipe era muy severo consigo mismo, pero para los demás sólo tuvo amor, comprensión y consuelo. Toda persona que se confesaba una sola vez con él volvía seguro a hacerlo. A escondidas, para huir de la fama de santidad, Felipe hacía muchas obras de caridad con pobres y enfermos, y siguió visitando los hospitales mientras pudo. A Felipe se le aplican la realización de muchos milagros (curaciones e incluso resurrecciones) y la capacidad de prever el futuro.

DOCTRINA

“La obediencia es buena siempre que se obedece sin discurrir y se está seguro de que, aquello que se le manda, es lo mejor que puede hacer”.

“Quien vive bajo la obediencia del confesor se asegura no tener que rendir cuentas a Dios de las acciones que ejecuta”.

“La obediencia es un camino breve para llegar rápidamente a la santidad”.

“No hay cosa más peligrosa para el alma que querer gobernarse uno a sí mismo”.

“La obediencia es el verdadero holocausto que se sacrifica a Dios en el altar de nuestro corazón”.

“A menudo, el demonio nos mueve con gusto a hacer penitencias u obras de caridad sin permiso del confesor, pero ocurre que si, enterado el confesor, nos da permiso para ellas, las ganas desaparecen y se nos hacen durísimas y repugnantes”.

“Para ser verdadero oratoriano no basta cumplir lo mandado, sino que es necesario hacerlo sin andar buscando razones contrarias”.

Petición particular para este día.

LETANÍAS

San Felipe – Ruega por nosotros.
Vaso de Espíritu Santo – Ruega por nosotros.
Hijo de María – Ruega por nosotros.
Apóstol de Roma – Ruega por nosotros.
Consejero de papas – Ruega por nosotros.
Voz profética – Ruega por nosotros.

Señor Dios, que no cesas de enaltecer a tus siervos con la gloria de la santidad, concédenos que el Espíritu Santo nos encienda con aquel mismo fuego que abrasó el corazón de San Felipe Neri. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

Día séptimo (23 de mayo)

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

BREVE HISTORIA

Para ayudar al crecimiento espiritual de la gente, organizaba coloquios espirituales en los que se oraba y se leían diversas vidas de santos y misioneros; por ejemplo, los misioneros jesuitas que iban a evangelizar América. Terminaban con una visita al Santísimo Sacramento en alguna iglesia o con la asistencia a las vísperas. Eran tantos los que asistían a dichos coloquios que en la iglesia de San Jerónimo se construyó una gran sala para ello y varios sacerdotes empezaron a ayudar a Felipe en esta tarea. El pueblo los llamaba “los oratorianos”, porque tocaban la campana para llamar a los fieles a rezar en su oratorio.

Poco a poco, las reuniones fueron tomando una estructura constante: se realizan todos los días, excepto sábados y festivos, a primera hora de la tarde; comienzan con una lectura edificante y un comentario sencillo, que debe ofrecer conclusiones para una verdadera vida cristiana; a continuación, para bien del alma, se entabla un coloquio, en el que se van respondiendo todas las posibles dudas. Más tarde, se incluyó: la oración mental, la lectura del Evangelio, la penitencia, la historia de la Iglesia (que preparaba César Baronio para contrarrestar las mentiras protestantes) y la música. Músicos como Juan Palestrina o Juan Animuccia asistieron y escribieron música para estas reuniones.

Los resultados fueron extraordinarios, muchos asistían a los encuentros del oratorio, incluso miembros prominentes de la Curia romana; aunque al principio no fue así, ya que, por predicar laicos, estuvieron bajo secreta vigilancia y clara sospecha durante bastante tiempo. Una de las grandes preocupaciones de Felipe eran los carnavales, en los que, con el pretexto de “prepararse” para la cuaresma, el pueblo se daba al libertinaje. San Felipe propuso la santa diversión de visitar siete iglesias de la ciudad – una peregrinación de unas doce millas – orando, cantando y con un almuerzo al aire libre en comunidad.

DOCTRINA

Era máxima de San Felipe que la frecuente confesión de los pecados hace un gran bien a nuestras almas, porque la purifica, la robustece y reanima en el servicio de Dios.

Felipe recomendaba confesar primero los pecados más graves y los que más vergüenza dan, pues así se confunde al demonio. Antes de elegir un confesor piénsese mucho en ello y récese mucho; pero una vez elegido no se debe cambiar, sino obedecerle y tratar con él todo lo que ocurra.

El Señor no permitirá que el confesor yerre en aquello que pueda afectar a la salvación del penitente.

El demonio tiende a inspirar desconfianza hacia el confesor para alejarle de su consejo.

Los penitentes no deben jamás violentar al confesor para que apruebe algo contrario al parecer de éste, sino fiarse totalmente de él. Incluso cuando es imposible consultarle, el penitente debe adivinar lo que el confesor le diría en cada caso y hacerlo.

Petición particular para este día.

LETANÍAS

San Felipe – Ruega por nosotros.
Vaso de Espíritu Santo – Ruega por nosotros.
Hijo de María – Ruega por nosotros.
Apóstol de Roma – Ruega por nosotros.
Consejero de papas – Ruega por nosotros.
Voz profética – Ruega por nosotros.

Señor Dios, que no cesas de enaltecer a tus siervos con la gloria de la santidad, concédenos que el Espíritu Santo nos encienda con aquel mismo fuego que abrasó el corazón de San Felipe Neri. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

Día octavo (24 de mayo)

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

BREVE HISTORIA

En 1564 el Papa Pío IV pidió a San Felipe que asumiera la responsabilidad de la Iglesia de San Juan de los Florentinos. Fueron entonces ordenados tres de sus propios discípulos para ayudarle a atender dicha iglesia. Estos sacerdotes vivían y oraban en comunidad, bajo la dirección de San Felipe. El santo redactó una regla muy sencilla para sus jóvenes discípulos, entre los cuales, se contaba el futuro Cardenal e historiador César Baronio.

En 1575, San Felipe y sus colaboradores adquirieron, con la bendición del Papa Gregorio XIII, su propia Iglesia: Santa María in Vallicella. El mismo Papa aprobó formalmente la congregación del Oratorio ese mismo año. La Congregación tenía como fin la oración, la predicación y la administración de los sacramentos con un espíritu de familia.

La Iglesia de Santa María in Vallicella estaba en ruinas y resultaba demasiado pequeña, por ello, el santo decidió demolerla y construir una más grande. Además, tuvo una visión que le avisaba de que la iglesia estaba a punto del derrumbe, siendo sostenida únicamente por la Virgen; así, resultó que los obreros encontraron que la viga principal estaba en el aire, desconectada de todo apoyo. Bajo la dirección de San Felipe, la excavación comenzó en el lugar donde yacía escondida una antigua iglesia. Estas ruinas proveyeron de piedra suficiente para una porción de la nueva iglesia y para el resto de los cimientos. En menos de dos años los padres se mudaron a la “Chiesa Nuova”. Todo el gasto de la construcción corrió a cargo de numerables donaciones que venían providencialmente cuando más se las necesitaba. Felipe no tuvo nunca que pedir dinero a nadie.

DOCTRINA

“Debéis continuar con mucho fervor la obra comenzada, desasiéndoos de toda consideración humana y de todo interés personal; luego, someteos a la voluntad de Dios y suplicadle que no permita que hagáis nada que sea contrario a su mayor gloria”.

“No busquéis más que esta gloria de Dios y tened confianza: El que ha hecho que comencéis la obra hará que la acabéis”.

Para estar seguros, dirigiros al Señor, suplicad el particular auxilio de la Virgen María y de los santos a los que tengáis más devoción”.

Solía Felipe repetir que el amor de la Virgen hacia Dios era tan grande que, por el deseo que tenía de unirse a su Amado padecía grandemente, por lo que Dios, para consolarla, envió a su divino Hijo”.

Muchas veces repetía: “Sabed, hijos, y creedme, pues lo sé, que no hay medio más eficaz para alcanzar las gracias de Dios como la Santísima Virgen”.

Petición particular para este día.

LETANÍAS

San Felipe – Ruega por nosotros.
Vaso de Espíritu Santo – Ruega por nosotros.
Hijo de María – Ruega por nosotros.
Apóstol de Roma – Ruega por nosotros.
Consejero de papas – Ruega por nosotros.
Voz profética – Ruega por nosotros.

Señor Dios, que no cesas de enaltecer a tus siervos con la gloria de la santidad, concédenos que el Espíritu Santo nos encienda con aquel mismo fuego que abrasó el corazón de San Felipe Neri. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

Día noveno (25 de mayo)

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

BREVE HISTORIA

Durante sus últimos años fueron muchos los cardenales que lo tenían como consejero. Sufrió varias enfermedades y, dos años antes de morir, logró renunciar a su cargo de superior, siendo sustituido por César Baronio.

Obtuvo permiso de celebrar diariamente la misa en el pequeño oratorio que estaba junto a su cuarto. Como frecuentemente era arrebatado en éxtasis durante la misa, los asistentes acabaron por tomar la costumbre de retirarse en el “Cordero de Dios”. El acólito hacía lo mismo. Después de apagar los cirios, encender una lamparilla y colgar de la puerta un letrero para anunciar que San Felipe estaba celebrando todavía; dos horas después volvía el acólito, encendía de nuevo los cirios y la misa continuaba.

El día de Corpus Christi del 25 de mayo de 1595, el santo estaba desbordante de alegría, de suerte que su médico le dijo que nunca le había visto tan bien durante los últimos diez años. Pero San Felipe sabía perfectamente que había llegado su última hora. Estuvo confesando durante todo el día y recibió, como de costumbre, a los visitantes. Pero antes
de retirarse, dijo: “A fin de cuentas, hay que morir”. Hacia medianoche sufrió un ataque tan agudo, que se convocó a la comunidad. Baronio, después de leer las oraciones de los agonizantes, le pidió que se despidiese de sus hijos y los bendijese. El santo, que ya no podía hablar, levantó la mano para dar la bendición y murió un instante después. Tenía entonces ochenta años y dejaba tras de sí una obra imperecedera.

DOCTRINA

Enseñaba el santo: “no acostumbra Dios a enviar la muerte al hombre que le sirve, sin avisarle por medio de alguna señal”.

“Si un alma pudiese abstenerse por completo de los pecados veniales, la mayor pena que sentiría en este mundo sería verse detenida en esta vida, debido al deseo ardiente de unirse a Dios”.

Felipe decía: “los verdaderos servidores de Dios llevan la vida en paciencia y la muerte en deseo”.

Como Felipe tuvo la gracia de ver subir almas al cielo tras la muerte afirmaba: “No se puede declarar la belleza de un alma que muere en gracia del Señor”. Según esto, cada uno debería vivir tan santamente como si cada día fuera a ser el último de la vida.

“La muerte da terror a los que se hallan en estado de pecado, pero los que no lo están, como san Pablo, desean morir para estar por Cristo”.

“Lo más perfecto es vivir mucho, pero como si ya estuviéramos muertos para las cosas del mundo y para uno mismo, sufriendo amorosamente por Cristo lo que Él desee”.

Petición particular para este día.

LETANÍAS

San Felipe – Ruega por nosotros.
Vaso de Espíritu Santo – Ruega por nosotros.
Hijo de María – Ruega por nosotros.
Apóstol de Roma – Ruega por nosotros.
Consejero de papas – Ruega por nosotros.
Voz profética – Ruega por nosotros.

Señor Dios, que no cesas de enaltecer a tus siervos con la gloria de la santidad, concédenos que el Espíritu Santo nos encienda con aquel mismo fuego que abrasó el corazón de San Felipe Neri. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

5 minutos al día que cambiarán tu vida