Tertuliano

Tertuliano

Cristiano y abogado

C.150-225?

“La sangre de los mártires es semilla de nuevos cristianos”.

El primer Padre que escribe en latín.

El primero en utilizar la palabra “Trinidad” para referirse a las tres personas en Dios.

Nació en Cartago, Africa C.150. En sus últimos años entró en la secta montanista, apartándose de la ortodoxia.

El testimonio de Tertuliano

Tertuliano escribe en el año 200 su libro Apologeticum dirigido al Senado romano. Capítulo 5:

En el tiempo de Tiberio entró en el mundo la primera noticia del nombre cristiano, y es notorio el tratamiento que hizo de este nombre este césar. Tuvo carta de Siria Palestina, en que le avisaban cómo se había manifestado la divinidad de Cristo en Judea, y deseoso de introducirla en Roma, pidió al Senado la admitiese, enviando en forma de decreto la prerrogativa de su voto. El Senado lo rehusó por no haber sido suya la primera aprobación, como la ley disponía. Quedóse constante en su sentencia Tiberio, y apoyó tanto a los cristianos, que puso pena capital a sus acusadores. Reconoced vuestros anales, y allí hallaréis que fué Nerón el primero que la cesárea espada ensangrentó feroz en la sangre de la religión cristiana.

Tertuliano: Cristianismo Dialoga con Cultura del Tiempo
Benedicto XVI, Audiencia del 30 de Mayo 2007 (VIS)

La obra del escritor africano, dijo el Papa, “ha dado frutos decisivos que sería imperdonable minusvalorar” y su influjo se extiende “desde el lenguaje y la recuperación de la cultura clásica, a la individuación de un “alma cristiana” común en el mundo, hasta la formulación de nuevas propuestas de convivencia humana”.

Tertuliano “se convirtió al cristianismo atraído, parece ser, por el ejemplo de los mártires, (…) pero una búsqueda demasiado individual de la verdad, junto con la intransigencia de su carácter, le llevaron gradualmente a dejar la comunión con la Iglesia”.

En sus escritos apologéticos, Tertuliano se propone dos objetivos: “Confutar las acusaciones gravísimas de los paganos contra la nueva religión” y “de forma más propositiva y misionera, comunicar el mensaje del Evangelio en diálogo con la cultura de su tiempo”.

Además, prosiguió el Santo Padre, el escritor “da un paso enorme en la explicación del dogma trinitario, dándonos en latín, el lenguaje adecuado para expresar este gran misterio, introduciendo los términos “una sustancia” y “tres personas “.

También son muy importantes sus textos sobre “el Espíritu Santo, (…) la Iglesia que reconoce siempre como “madre”, (…) la conducta moral de los cristianos, la vida futura, (…) María, (…) los sacramentos, (…) el primado de Pedro, la oración”.

“De forma especial (…) exhorta a los cristianos a la esperanza, que (…) no es simplemente una virtud en sí misma, sino una modalidad que atañe a todos los aspectos de la existencia cristiana. Así la Resurrección del Señor se presenta como el fundamento de nuestra resurrección futura y representa el objeto fundamental de la confianza de los cristianos”.

Benedicto XVI habló del “drama humano” del escritor, que “con el transcurso de los años se volvió cada vez más exigente con los cristianos”, pretendiendo “en cualquier circunstancia (…) un comportamiento heroico”.

“Pienso mucho en esta gran personalidad moral e intelectual- comento el Papa- Se ve que al final le falta la sencillez, la humildad de insertarse en la Iglesia, de aceptar sus debilidades, de ser tolerante con los demás y consigo mismo. Cuando uno ve solamente la grandeza del pensamiento propio, resulta que es precisamente esa grandeza la que se pierde. La característica esencial de un gran teólogo consiste en la humildad de estar con la Iglesia, de aceptar sus debilidades y las propias, porque solo Dios es realmente santo. En cambio, nosotros, necesitamos siempre que nos perdonen”.

Tertuliano es siempre “un testigo interesante de los primeros tiempos de la Iglesia, cuando los cristianos empezaron a ser sujetos de “nueva cultura” al confrontarse con la herencia clásica y el mensaje evangélico”, y su obra “evoca la continuidad perenne entre los auténticos valores humanos y los valores cristianos”. También es importante su afirmación de que “un cristiano no puede odiar ni siquiera a sus enemigos, donde las consecuencias morales e ineludibles de la fe, proponen la “no violencia” como regla de vida: y la dramática actualidad de esta enseñanza se hace patente también a la luz del encendido debate entre las religiones”.

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