Felipe, Apóstol

San Felipe, Apóstol

Se lo suele representar llevando una cruz en forma de “T”, instrumento con el que, según la leyenda, obró durante su vida muchos milagros.

El apóstol Felipe -que no debe ser confundido con el diácono de igual nombre, que aparece en los Hechos de los Apóstoles (cfr. 6, 5)- figura en quinto lugar en las listas de los Doce.

El Evangelio señala expresamente que “era de Betsaida, la ciudad de Andrés y de Pedro” (Jn. 1, 44). Esa circunstancia, sumada al hecho de que Andrés y él son los únicos apóstoles que tienen nombres griegos, y la intercesión conjunta de ambos por los griegos que querían ver a Jesús (cfr. Jn. 12, 21-22), hace suponer a algunos autores que Felipe y Andrés eran parientes o amigos.

Tiene varias intervenciones significativas en el Cuarto Evangelio además de las mencionadas. Juan relata el llamado a Felipe y cómo éste, a su vez, invita a Natanael a conocer a Jesús (cfr. Jn. 1, 43ss), menciona también la participación del apóstol en la multiplicación de los panes (cfr. Jn. 6, 5ss), y relata su intervención (“Muéstranos al Padre”) durante el discurso de la Última Cena (Jn. 14, 8); este último texto integra el Evangelio de su fiesta, compartida con Felipe, que se celebra el 3 de mayo.

Pero luego de su mención junto a los demás apóstoles en la espera de Pentecostés, no vuelve a ser nombrado, y nada sabemos a ciencia cierta acerca de su vida.

La tradición lo presenta como evangelizador de Frigia o Escitia, situando su tumba en Hierápolis. Una leyenda cuenta que los paganos querían obligarlo a hacer un sacrificio a una estatua de Marte, pero un dragón, colocado bajo el pedestal, mata con su aliento al sacerdote que ordena el sacrificio y a dos soldados. Felipe, apiadado de ellos, pone en fuga al dragón y resucita a los tres muertos. La tradición cuenta asimismo que murió crucificado tras haber sido lapidado.

Se lo suele representar llevando una cruz en forma de “T”, instrumento con el que, según la leyenda, obró durante su vida muchos milagros. También se suele representar su crucifixión.

Los motivos de que comparta la fiesta del 3 de mayo con Santiago el Menor no guardan relación con las circunstancias de las vidas de ambos apóstoles. Ocurre que el papa Julio II edificó en Roma, en el siglo IV una gran basílica (que mucho tiempo mas tarde llegó a llamarse “de los Doce Apóstoles”). En el siglo VI el templo fue remodelado, y nuevamente se lo transformó totalmente en el siglo XV; hasta entonces podía leerse en el ábside una dedicación a Santiago y Felipe. En 1873 se descubrió bajo el altar mayor un altar del siglo VI, con un relicario conteniendo restos de dos esqueletos. Un trozo de diente encajaba perfectamente con otro resto de diente en la reliquia de la cabeza de Santiago que se conservaba en la catedral de Ancona. Si uno de los cuerpos era de Santiago, el otro era de Felipe; eso justificaría la dedicación de la iglesia a ambos juntamente. Y como la consagración de esa iglesia había tenido lugar un 1º de mayo, esa pasó a ser la fiesta común de ambos apóstoles (trasladada en 1969 a la fecha del 3 de mayo en que se celebra actualmente).