Columbano

San Columbano

Abad

559? – 615

23 de Noviembre

BREVE

Monje misionero. Nació en Irlanda, en la primera mitad del siglo VI, y se instruyó en las ciencias sagradas y profanas. Reconocido por su gran cultura y sabiduría. Habiendo abrazado la vida monástica, se trasladó a Francia y fundó varios monasterios, que gobernó con una rígida disciplina. Obligado a exiliarse, marchó a Italia, donde fundó el monasterio de Bobbio. Murió el año 615, después de haber llevado una vida ejemplar como cristiano y como religioso. (ver sus escritos arriba). Murió el 23 de noviembre del año 615.

Nació en Leinster, Irlanda alrededor del 559. Recibió una buena educación clásica en Clonard, escuela fundada por San Finnian. Era un joven guapo y sentía una gran debilidad hacia las mujeres. Se sentía dividido entre el mundo y el deseo de entregarse a Dios. Buscó dirección con una religiosa mayor quien le ayudó a entender la seriedad del peligro en que se encontraba y le aconsejó que se fuera de aquel ambiente. El joven se decidió y aunque su madre trató de detenerlo tirándose a sus pies, su determinación estaba firme.

Mas tarde escribió: “Nada es mas dulce que una conciencia limpia, nada mas seguro que la pureza del alma”

Por un tiempo Columbano vivió en una isla en Lough Erne. Comprendió que no se podía evitar la batalla pero que había que librarla en el campo escogido por Dios y no por el diablo. Allí estudió la Biblia y escribió un comentario sobre los salmos.

Más tarde, viviendo en Bangor, sintió la llamada a ser misionero pero no estaba seguro que fuese la inspiración del Espíritu Santo. Le pidió a su superior, el abad San Comgall quien al principio se lo negó pero mas tarde al ver la obediencia de Columbano reconoció que en verdad era la voluntad de Dios.

Tenía unos 45 años cuando se fue de Irlanda con doce monjes. Trabajó en Wales (Inglaterra) donde se le añadieron otros monjes. Llegaron a Francia donde la fe prácticamente se había perdido. La predicación y el ejemplo de los monjes irlandeses hizo que otros les siguieran.

Los monjes construyeron un monasterio en Luxeuil que fue gobernado por Columbano por 25 años. Vivían en profunda oración y penitencia. También predicaban y oraban por los enfermos. En una ocasión se sanó una señora. Su esposo trajo una carreta de pan y vegetales, lo cual fue providencial dada la pobreza que sufría el monasterio.

Columbano solía ausentarse del monasterio por largo tiempo para irse a orar como ermitaño en un cueva del bosque. Un día caminando por el bosque con la Biblia, Columbano pensaba si prefería ser víctima de las bestias salvajes o de hombres malos. Se persignó muchas veces mientras pensaba en eso y penetraba en el bosque. De pronto aparecieron 12 lobos que venían hacia el. Inmovil, mientras los lobos le rodeaban, rezó: “Dios, mira por mi ayuda: Señor date prisa en socorrerme” Los lobos se acercaron y el se mantuvo inmovil. Entonces los lobos se fueron. Continuó su camino solo para encontrarse con unos ladrones. Ellos también se fueron sin tocarlo. El obispo Chamnoald dice que Columbano llamaba a las criaturas salvajes y estas venían y jugaban con él.

En una ocasión, estando en su cueva recibió un mensaje del Señor de que muchos de sus monjes estaban enfermos. Enseguida se fue al monasterio en Luxeuil y le dijo a los enfermos que se levantaran a trabajar con el maiz. Los obedientes se sanaron al instante. Pero los desobedientes siguieron enfermos. Muchos otros milagros, como multiplicar alimentos para sus comunidad, dar vista a un ciego y domesticar un oso para la agricultura.

Después de Luxeuil fundaron un monasterio en Fountains. Siguieron otros en Francia, Alemania, Suiza e Italia. Columbano los regía a todos y escribió la regla de vida. Esta fue aprobada por el Concilio de Macon en 627 pero mas tarde fue remplazada por la regla benedictina.

No le faltaron obstáculos. Los obispos de la región se le opusieron. No les agradaba la independencia que gozaba como abad, su influencia y las prácticas célticas que trajo. En especial objetaban al rito con que celebraba la Pascua. En el año 602 lo llamaron a juicio. En vez de presentarse le envió una carta recomendando que tengan mas sínodos y que se preocupen de cosas mas importantes. La disputa se alargó y Columbano apeló a los Papas. Cuando se mudó a Italia adoptó el calendario romano.

También tuvo problemas cuando confrontó la corrupción de la corte. Fue encarcelado en Besancon pero escapó y regresó a Luxeuil. Entonces Thierry y Brunehault enviaron una tropa armada para forzarle junto con los otros monjes irlandeses a regresar a Irlanda. Pero tan pronto como el barco partió, una tormenta los regresó a tierra. El capitán lo tomó como un signo y liberó a los monjes. Viajaron evangelizando hasta los lagos del centro de Europa (Suiza). Allí fundaron un monasterio pero por problemas políticos en la región tuvieron que trasladarse a Italia, llegando a Milán en el año 612. Allí Columbano predicó y escribió contra el arrianismo y el nestorianismo. El rey lombardo en gratitud le dio un terreno situado entre Milán y Génova donde se encontraba casi en ruinas una iglesia en honor a San Pedro. Los monjes la reconstruyeron y fundaron una abadía desde la que monjes evangelizaron el norte de Italia por siglos.

Hacia el final de su vida le informaron que sus antiguos perseguidores habían muerto y sus monjes querían que regrese al norte pero el no quiso. Sabiendo que le faltaba poco, se retiró a una cueva y murió como lo había predicho. Sus monjes continuaron orando y evangelizando. Fundaron mas de cien monasterios para avanzar la fe y la cultura.

La grandeza del hombre consiste en su semejanza con Dios, con tal de que la conserve
De las instrucciones de san Columbano, abad. Instrucción 11, sobre el amor, 1-2

Hallamos escrito en la ley de Moisés: Creó Dios al hombre a su imagen y semejanza. Considerad, os lo ruego, la grandeza de esta afirmación; el Dios omnipotente, invisible, incomprensible, inefable, incomparable, al formar al hombre del barro de la tierra, lo ennobleció con la dignidad de su propia imagen. ¿Qué hay de común entre el hombre y Dios, entre el barro y el espíritu? Porque Dios es espíritu. Es prueba de gran estimación el que Dios haya dado al hombre la imagen de su eternidad y la semejanza de su propia vida. La grandeza del hombre consiste en su semejanza con Dios, con tal de que la conserve.

Si el alma hace buen uso de las virtudes plantadas en ella, entonces será de verdad semejante a Dios. El nos enseñó, por medio de sus preceptos, que debemos redituarle frutos de todas las virtudes que sembró en nosotros al crearnos. Y el primero de estos preceptos es: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, ya que él nos amó primero, desde el principio y antes de que existiéramos. Por lo tanto, amando a Dios es como renovamos en nosotros su imagen. Y ama a Dios el que guarda sus mandamientos, como dice él mismo: Si me amáis, guardaréis mis mandatos. Y su mandamiento es el amor mutuo, como dice también: Éste es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado.

Pero el amor verdadero no se practica sólo de palabra, sino de verdad y con obras. Retornemos, pues, a nuestro Dios y Padre su imagen inviolada; retornémosela con nuestra santidad, ya que él ha dicho: Sed santos, porque yo soy santo; con nuestro amor, porque él es amor, como atestigua Juan, al decir: Dios es amor; con nuestra bondad y fidelidad, ya que él es bueno y fiel. No pintemos en nosotros una imagen ajena; el que es cruel, iracundo y soberbio pinta, en efecto, una imagen tiránica.

Por esto, para que no introduzcamos en nosotros ninguna imagen tiránica, dejemos que Cristo pinte en nosotros su imagen, la que pinta cuando dice: La paz os dejo, mi paz os doy. Mas, ¿de qué nos servirá saber que esta paz es buena, si no nos esforzamos en conservarla? Las cosas mejores, en efecto, suelen ser las más frágiles, y las de más precio son las que necesitan de una mayor cautela y una más atenta vigilancia; por esto, es tan frágil esta paz, que puede perderse por una leve palabra o por una mínima herida causada a un hermano. Nada, en efecto, resulta más placentero a los hombres que el hablar de cosas ajenas y meterse en los asuntos de los demás, proferir a cada momento palabras inútiles y hablar mal de los ausentes; por esto, los que no pueden decir de sí mismos:: Mi Señor me ha dado una lengua de iniciado, para saber decir al abatido una palabra de aliento, mejor será que se callen y, si algo dijeren, que sean palabras de paz.

ORACIÓN

Señor, Dios nuestro, que has unido de modo admirable en el abad san Columbano la tarea de la evangelización y el amor a la vida monástica, concédenos, por su intercesión y su ejemplo, que te busquemos a ti sobre todas las cosas y trabajemos por la propagación de tu reino.

Por nuestro Señor Jesucristo.

El que tenga sed que venga a mí y que beba
De las instrucciones de San Columbano, abad
Instrucción 13, Sobre Cristo, fuente de vida 1-2

Amadísimos hermanos, escuchad nuestras palabras, pues vais a oír algo realmente necesario; y mitigad la sed de vuestra alma con el caudal de la fuente divina, de la que ahora pretendemos hablaros. Pero no la apaguéis del todo: bebed, pero no intentéis saciaros completamente. La fuente viva, la fuente de la vida nos invita ya a ir a él, diciéndonos: El que tenga sed que venga a mí y que beba.

Tratad de entender qué es lo que vais a beber. Que os lo diga Jeremías. Mejor dicho, que os lo diga el que es la misma fuente: Me abandonaron a mí, fuente de agua viva –oráculo del Señor–. Así, pues, nuestro Señor Jesucristo en persona es la fuente de la vida. Por eso, nos invita a ir a él, que es la fuente, para beberlo. Lo bebe quien lo ama, lo bebe quien trata de saciarse de la palabra de Dios. El que tiene suficiente amor también tiene suficiente deseo. Lo bebe quien se inflama en el amor de la sabiduría.

Observad de donde brota esa fuente. Precisamente de donde nos viene el pan. Porque uno mismo es el pan y la fuente: el Hijo único, nuestro Dios y Señor Jesucristo, de quien siempre hemos de tener hambre. Aunque lo comamos por el amor, aunque lo vayamos devorando por el deseo, tenemos que seguir con ganas de él, como hambrientos. Vayamos a él, como a fuente, y bebamos, tratando de excedernos siempre en el amor; bebamos llenos de deseo y gocemos de la suavidad de su dulzura.

Porque el Señor es bueno y suave; y, por más que lo bebamos y lo comamos, siempre seguiremos teniendo hambre y sed de él, porque esta nuestra comida y bebida no puede acabar nunca de comerse y beberse; aunque se coma, no se termina, aunque se beba, no se agota, porque este nuestro pan es eterno y esta nuestra fuente es perenne y esta nuestra fuente es dulce. Por eso, dice el profeta: Sedientos todos, acudid por agua. Porque esta fuente es para los que tienen sed, no para los que ya la han apagado. Y, por eso, llama a los que tienen sed, aquellos mismos que en otro lugar proclama dichosos, aquellos que nunca se sacian de beber, sino que, cuanto más beben, más sed tienen.

Con razón, pues, hermanos, hemos de anhelar, buscar y amar a aquel que es la Palabra de Dios en el cielo, la fuente de la sabiduría, en quien, como dice el Apóstol, están encerrados todos los tesoros del saber y el conocer, tesoros que Dios brinda a los que tienen sed.

Si tienes sed, bebe de la fuente de la vida, si tienes hambre, come el pan de la vida. Dichosos los que tienen hambre de este pan y sed de esta fuente; nunca dejan de comer y beber y siempre siguen deseando comer y beber. Tiene que ser muy apetecible lo que nunca se deja de comer y beber, siempre se apetece y se anhela, siempre gusta y siempre se desea; por eso, dice el rey profeta: Gustad y ved qué dulce, qué bueno es el Señor.

ORACIÓN

¡Oh, Dios!, que unes los corazones de tus fieles en un mismo deseo, inspira a tu pueblo el amor a tus preceptos y la esperanza en tus promesas, para que, en medio de las vicisitudes del mundo, nuestros corazones estén firmes en la verdadera alegría.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Tú, Señor, eres todo lo nuestro
De las instrucciones de San Columbano, abad
Instrucción 13, sobre Cristo, fuente de vida 2-3

Hermanos, seamos fieles a nuestra vocación. A través de ella nos llama a la fuente de la vida aquel que es la vida misma, que es fuente de agua viva y fuente de vida eterna, fuente de luz y fuente de resplandor, ya que de él procede todo esto: sabiduría y vida, luz eterna. El autor de la vida es fuente de vida, el creador de la luz es fuente de resplandor. Por eso, dejando a un lado lo visible y prescindiendo de las cosas de este mundo, busquemos en lo más alto del cielo la fuente de la luz, la fuente de la vida, la fuente de agua viva, como si fuéramos peces inteligentes y que saben discurrir; allí podremos beber el agua viva que salta hasta la vida eterna.

Dios misericordioso, piadoso Señor, haznos dignos de llegar a esa fuente. En ella podré beber también yo, con los que tienen sed de ti, un caudal vivo de la fuente viva de agua viva. Si llegara a deleitarme con la abundancia de su dulzura, lograría levantar siempre mi espíritu para agarrarme a ella y podría decir: «¡Qué grata resulta una fuente de agua viva de la que siempre mana agua que salta hasta la vida eterna!»

Señor, tú mismo eres esa fuente que hemos de anhelar cada vez más, aunque no cesemos de beber de ella. Cristo Señor, danos siempre esa agua, para que haya también en nosotros un surtidor de agua viva que salta hasta la vida eterna. Es verdad que pido grandes cosas, ¿quién lo puede ignorar? Pero tú eres el rey de la gloria y sabes dar cosas excelentes, y tus promesas son magníficas. No hay ser que te aventaje. Y te diste a nosotros. Y te diste por nosotros.

Por eso, te pedimos que vayamos ahondando en el conocimiento de lo que tiene que constituir nuestro amor. No pedimos que nos des cosa distinta de ti. Porque tú eres todo lo nuestro: nuestra vida, nuestra luz, nuestra salvación, nuestro alimento, nuestra bebida, nuestro Dios. Infunde en nuestros corazones, Jesús querido, el soplo de tu Espíritu e inflama nuestras almas en tu amor, de modo que cada uno de nosotros pueda decir con verdad: «Muéstrame al amado de mi alma, porque estoy herido de amor».

Que no falten en mí esas heridas, Señor. Dichosa el alma que está así herida de amor. Ésa va en busca de la fuente. Ésa va a beber. Y, por más que bebe, siempre tiene sed. Siempre sorbe con ansia, porque siempre bebe con sed. Y, así, siempre va buscando con amor, porque halla la salud en las mismas heridas. Que se digne dejar impresas en lo más íntimo de nuestras almas esas saludables heridas el compasivo y bienhechor médico de nuestras almas, nuestro Dios y Señor Jesucristo, que es uno con el Padre y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos.

Amén

ORACIÓN

¡Oh, Dios!, que unes los corazones de tus fieles en un mismo deseo, inspira a tu pueblo el amor a tus preceptos y la esperanza en tus promesas, para que, en medio de las vicisitudes del mundo, nuestros corazones estén firmes en la verdadera alegría.

Por nuestro Señor Jesucristo.

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