Adorote Devote

Te adoro con devoción, Dios escondido, oculto verdaderamente bajo las apariencias de pan y vino.

A ti se somete mi corazón por completo, y se rinde totalmente al contemplarte.

Al juzgar de ti se equivocan la vista, el tacto, el gusto pero basta el oído para creer con firmeza; creo todo lo que ha dicho el Hijo de Dios; nada es más verdadero que esta Palabra de Verdad.

En la cruz se escondía sólo la Divinidad; pero aquí también se esconde la humanidad; sin embargo, creo y confieso ambas cosas, y pido lo que pidió aquel ladrón arrepentido.

No veo las llagas como las vio Tomás, pero confieso que eres mi Dios: haz que yo crea más y más en Ti, que en Ti espere y que te ame.

¡Memorial de la muerte del Señor! Pan vivo que das la vida al hombres: concede a mi alma que de Ti viva, y que siempre saboree tu dulzura.

Señor Jesús, Pelícano bueno[1]: límpiame a mí, inmundo, con tu Sangre, de la que una sola gota puede liberar de todos los crímenes al mundo entero.

Jesús a quien ahora veo oculto, te ruego que se cumpla lo que tanto ansío: que al mirar tu rostro cara a cara, sea yo feliz viendo tu gloria.

Amén.


[1] Cuando se compuso es himno eucarístico era creencia popular que los pelícanos alimentaban a sus crías, cuando no tenían comidas que darles, con su propia sangre.

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