Julián el Hospitalario

12 de febrero

San Julián el Hospitalario
San Julián el Hospitalario

También llamado el Pobre, buenos apelativos para un personaje seguramente de leyenda, que vive fuera del tiempo histórico y que a menudo se confunde con otro Julián que fue mártir y que no tiene nada que ver con él. El Hospitalario, patrón de los posaderos, dio su nombre a numerosas iglesias, hospitales y asilos.

La leyenda que ha llegado hasta nosotros data del siglo XII, siendo escrita en Francia por Vicente de Beauvais y copiada en Italia por el en la Leyenda Áurea. Se narra que un día, un joven llamado Julián estaba cazando un ciervo y de repente, el animal huyó y volviendo adonde él estaba le dijo: “¿Cómo te atreves a perseguirme, tú que matarás a tu padre y a tu madre?” Al oír estas palabras, Julián no solo abandonó la persecución asustado por esta profecía, sino que decidió abandonar su país sin decírselo a sus padres.

Lejos de su hogar, entró al servicio de un rey, y éste, como premio de sus hazañas guerreras, le casó con una noble viuda y le regaló un castillo.

Mientras tanto, sus padres recorrían el mundo buscando a su hijo. Un día llegaron por casualidad hasta el castillo donde vivía Julián y fueron recibidos por su esposa porque su marido estaba de viaje. Cuando los dos ancianos le contaron su historia, ella se imaginó que eran sus suegros por lo que había oído contar a su marido, pero por precaución, no le dijo nada a ellos. Les dio cobijo en su casa cediéndoles su habitación para dormir y marchando ella a otra.

Mientras tanto, al amanecer del día siguiente, llegó Julián a su casa e inmediatamente fue a la habitación a despertar a su esposa notando que en la cama había dos personas. Creyendo que era su esposa con su amante, los mató en un ataque de furia. Cuando Julián salió de la habitación, se encontró con su esposa que regresaba de la iglesia y le preguntó sorprendido y preocupado por qué estas dos personas habían dormido en su cama. Ella le dijo: “Son tus padres que tanto te han buscado y yo misma los he invitado a nuestra habitación”. La profecía del ciervo se había hecho realidad.

Ante el horror de su acción, para hacer penitencia se retiró con su fiel esposa a orillas de un río y allí construyó una hospedería con objeto de socorrer por amor de Dios a los caminantes sin amparo. Muchos años después, Julián prestó ayuda a un aterido leproso que parecía al borde de la muerte, pero que de pronto, resplandeciente de luz y de hermosura, se levantó para anunciarle que Dios le había perdonado.