Novena a Santo Domingo de Guzmán

DÍA NOVENO (7 de agosto)

Santo Domingo de Guzmán
Santo Domingo de Guzmán

Dios todopoderoso que hiciste de nuestro Padre Domingo un testimonio vivo de la verdad y del amor, te rogamos nos concedas la gracia y la fuerza de seguir sus caminos, dejándonos guiar por tu sabiduría que viene de lo alto. Haz que por su mediación, sintamos en nosotros la urgencia de anunciar al mundo el Evangelio.
Haznos, Señor, vivir siempre en la esperanza y en la confianza de tu santa voluntad. Por Cristo nuestro Señor. Amén.

La Devoción a María, Reina del Santísimo Rosario.

La devoción a María es parte integrante del ideal de Domingo. La devoción particular de los dominicos, a María Reina de Rosario, tiene su lógica explicación en el hecho de que el Rosario consiste en la contemplación de los misterios de la salvación, en los cuales María ha participado directamente y más intensamente que cualquiera otra criatura.

El Rosario, además, es para el dominico escuela de contemplación y fuente fecunda de celo apostólico. Los “misterios”, son objeto de contemplación y de predicación.

A María, Reina de la Misericordia, como a su especial patrona, Domingo había confiado toda la Orden. Los primeros frailes predicadores, son conscientes de que gozan de una especial protección de María y la consideran “singular auxiliadora”, “abogada de la Orden”; porque ella “promueve la Orden y la defiende”. Cuando María se aparece a los frailes, llama a la Orden Dominicana “mi Orden”, y a los frailes “mis frailes”. Ella asiste a sus frailes durante la vida y en el momento de su muerte.

A cambio de esta protección especial, la Orden mantiene una devoción particular a María, desde sus comienzos. La vida dominicana es considerada por los primeros frailes como un servicio a María y a su hijo.

En la mañana, se canta las alabanzas de María recitando su oficio; en la noche, antes de ir a descansar, se invoca nuevamente a María con el canto de la Salve. También se introdujo la costumbre de invocar a María con el canto de la Salve en el momento del tránsito de los religiosos, a la vida eterna.

A María, “Patrona singular de la orden, y Madre de Misericordia”, se confía de esa manera el alma de sus hijos.

Santa María que elegiste a tu siervo Domingo de Guzmán para que, empuñando el santo Rosario, extendiera tu nombre a lo largo y a lo ancho del mundo. Haz que tu nombre y el nombre de tu Hijo sean siempre nuestro programa y nuestra consigna, y lleguemos así limpios y salvos al eterno hogar donde el Padre de todos nos espera. Por Cristo nuestro Señor. Amén.