Novena a San Buenaventura

San Buenaventura
San Buenaventura

DÍA 5 (10 de julio)

ACTO DE CONTRICIÓN

¡Oh Jesús, mi Salvador! Por ser Vos quién sois os amo sobre todas las cosas y me arrepiento de haberos ofendido; prometo con vuestra ayuda enmendarme y espero en vuestra misericordia que me perdonaréis todas mis culpas y pecados y me daréis gracia para perseverar en vuestro servicio y salvarme. Amén.

ORACIÓN INICIAL

¡Oh, glorioso San Buenaventura, hijo del corazón de Francisco, gloria de la Orden Seráfica y columna de la Iglesia Católica! Por el celo con que mirasteis la honra y gloria de Dios, dad una mirada a todos los fieles e inspiradles una sólida piedad y una devoción sincera, que los separe del amor de las cosas terrenas y los una íntimamente a Dios. Una piedad que es útil para todo, y que lleva en sí la paz y la concordia, el sostén de la familia, la fraternidad y caridad cristianas, ornamento de la piedad y de la Iglesia. Una piedad que une a los habitantes de este destierro con los ciudadanos de la patria celestial, y que ilumina la inteligencia con la luz increada que es sabiduría y amor; y mantiene viva la fe, firme la esperanza , hasta que por medio de la caridad nos introduce en el seno de Dios para disfrutar de su gloria por toda una feliz y dichosa eternidad. Ventura sin igual, de corazón seráfico, de espíritu angélico, genio de la sabiduría, enviadnos un rayo de luz y una centella de amor para conocer los peligros y aborrecer todo lo terreno, a fin de que nuestro corazón se mantenga fiel a las divinas inspiraciones y con el ejercicio de la virtud merezcamos llegar a poseer y gozar las delicias del amor eterno. Amén.

Mansedumbre de San Buenaventura

Aprender de Mí que soy manso y humilde de corazón, nos dice el Salvador; y San Buenaventura fue tan conforme a Jesús, y aprendió tan bien esta lección, que la Iglesia alaba a Dios porque nos dio un varón sabio, elocuente, manso, modesto y amado de todos.

Como imán arrastraba las voluntades, y en dieciocho años que gobernó la Orden no hubo súbdito que de sus amonestaciones no sacase fruto y quedase corregido y enmendado. Su celo no le permitía disimular, pero templaba de tal modo su obrar, que, sin desnudar la espada del castigo, dejaba confuso y arrepentido al culpable.

La benignidad y la llaneza con que trataba a todos sus súbditos hechizaba sus voluntades, y la mansedumbre de su vida era un incentivo de bien obrar para los buenos y una tácita y elocuente reprensión para los malos.

(Demos gracias a Dios por habernos dado un modelo tan acabado de mansedumbre)

ORACIÓN

¡Oh, Jesús, manso y humilde de corazón! que siendo Señor de cielos y tierra os sujetasteis, como manso cordero, a la voluntad de los hombres, y os entregasteis en manos de los pérfidos judíos; yo os alabo, y os ruego humildemente que, por los méritos de vuestro siervo, me concedáis la mansedumbre y apacibilidad, para que haciéndome grato a vuestra vista, merezca gozaros eternamente. Amén.

(Récense tres Padrenuestros, y pídase al Santo la gracia que se desee)

ORACIÓN FINAL

¡Oh, Serafín humano, antorcha luminosa, glorioso Ventura! Etna sagrado del divino Amor que inflamáis las voluntades con vuestras luces y ejemplos, oíd los ruegos de vuestros devotos y atended a mis necesidades y a las de la Iglesia; rogad al Padre que nos haga humildes, obedientes y castos, caritativos con todos, amantes de la Pasión de Jesús, para que su memoria nos mueva a obrar en un todo conforme a su divina voluntad, y alcancemos las felicidades de la gloria. Amén.