San Juan de Brébeuf, Isaac Yogues y compañeros mártires

San Juan de Brebeuf

Fiesta: 19 de octubre

Fuente: corazones.org

Entre los años 1642 y 1649, ocho misioneros franceses de la Compañía de Jesús, entregados a evangelizar a los indios de Norte América murieron mártires después de atroces tromentos por los hurones e iroqueses y son honrados por la Iglesia el 19 de Octubre.

Cinco de ellos sufrieron el martirio en la actual Canadá: Los sacerdotes Juan de Brèbeuf, S.J. († 16 de marzo, 1649), Antonio Daniel, S.J. († 4 de julio de 1648), Gabriel Lallemant, S.J. († 17 de marzo de 1649), Carlos Garnier, S.J. († 7 de diciembre de 1649), Natal Chabanel, S.J. († 8 de diciembre de 1649).

Los otros tres fueron mártires en el actual Estados Unidos: el sacerdote Isaac Yogues, S.J. (†18 de octubre de 1646), y los coadjutores René Goupil, S.J. († 29 de septiembre de 1642) y Juan de La Lande, S.J. († 19 de octubre de 1646).

S.S. Pío XI canonizó a todos estos mártires juntos en 1930.

No moriré sino por ti Jesús, que te dignaste morir por mí
De los apuntes espirituales de san Juan de Brébeuf
The Jesuit Relations an Allied Documents, The Burrow Brothers.

Durante dos años he sentido un continuo e intenso deseo del martirio y de sufrir todos los tormentos por que han pasado los mártires.

Mi Señor y Salvador Jesús, ¿cómo podría pagarte todos tus beneficios? Recibiré de tu mano la copa de tus dolores, invocando tu nombre. Prometo ante tu eterno Padre y el Espíritu Santo, ante tu santísima Madre y su castísimo esposo, ante los ángeles, los apóstoles y los mártires y mi bienaventurado padre Ignacio y el bienaventurado Francisco Javier, y te prometo a ti, mi Salvador Jesús, que nunca me sustraeré, en lo que de mi dependa, a la gracia del martirio, si alguna vez, por tu misericordia infinita me la ofreces a mí, indignísimo siervo tuyo.

Me obligo así, por lo que me queda de vida, a no tener por lícito o libre el declinar las ocasiones de morir y derramar por ti mi sangre, a no ser que juzgue en algún caso ser más conveniente para tu gloria lo contrario. Me comprometo además a recibir de tu mano el golpe mortal, cuando llegue el momento, con el máximo contento y alegría; por eso, mi amantísimo Jesús, movido por la vehemencia de mi gozo, te ofrezco ya ahora mi sangre, mi cuerpo y mi vida, para que no muera sino por ti, si me concedes esta gracia, ya que tú te dignaste morir por mí. Haz que viva de tal modo, que merezca alcanzar de ti el don de esta muerte tan deseable. Así, Dios y Salvador mío, recibiré de tu mano la copa de tu pasión, invocando tu nombre: ¡Jesús, Jesús, Jesús!

Dios mío, ¡cuánto me duele el que no seas conocido, el que esta región extranjera no se haya aún convertido enteramente a ti, el hecho de que el pecado no haya sido aún exterminado de ella! Sí, Dios mío, si han de caer sobre mí todos los tormentos que han de sufrir, con toda su ferocidad y crueldad, los cautivos en esta región, de buena gana me ofrezco a soportarlos yo solo.

ORACIÓN

¡Oh, Dios!, tú quisiste que los comienzos de tu Iglesia en América del Norte fueran santificados con la predicación y la sangre de san Juan y san Isaac y sus compañeros, mártires, haz que, por su intercesión, crezca, de día en día y en todas las partes del mundo, una abundante cosecha de nuevos cristianos.

Por nuestro Señor Jesucristo.