San Pedro de Alcántara

San Pedro de Alcántara

1499-1562

Fiesta: 19 de octubre

Patrono de la Diócesis de Coria-Cáceres y copatrono de Extremadura, España.

Los santos se buscan y se ayudan. San Pedro contó entre sus amigos a San Francisco de Borja y Santa Teresa de Ávila.

Fuente: corazones.org

San Pedro, nacido en Alcántara el año 1499, entró muy joven en la Orden franciscana y llegó a ser provincial. Organizó definitivamente la reforma de los franciscanos en España, siguiendo el mismo espíritu que santa Teresa, de la que fue acertado consejero, ayudándola a llevar a cabo la perfecta reforma del Carmelo. Austero y duro consigo mismo, extremaba su dulzura con los demás. Murió el 18 de octubre de 1562. (Del Oficio de Lectura)

CRONOLOGÍA

1499 – Nace en Alcántara (Cáceres), sus padres son Alonso Garabito y María Vilela de Sanabria. Su nombre de pila: Juan de Sanabria.

1507 – Queda huérfano de padre.

1509 – Su madre se casa en segundas nupcias con el también viudo don Alonso Barrantes, de cuyo matrimonio nacieron dos hijos.

1511-1515 – Estudia en la Universidad de Salamanca.

1515 – Toma el hábito en Santa María o San Francisco de los Majaretes, Extremadura. Cambió su nombre por Pedro. Después de profeso es trasladado al convento de San Francisco de Belvis de Monroy. Aquí conoció a la Maldonado y a los condes de Deleitosa, tan bienhechores del convento.

1521 – Es destinado al convento de San Gabriel de Badajoz.

1522-1524 – Es ordenado de subdiácono, diácono y sacerdote.

2 de febrero de 1529 – Muere en Alcántara su padrastro Alonso Barrantes.

Diciembre de 1532 – Es elegido en guardián de San Onofre de la Lapa (Badajoz), donde escribe el “Tratado de la oración y de la meditación”.

1534 – Es nombrado por la provincia procurador, juntamente con los guardianes de Monteceli y de los Angeles, ante los obispos de Coria y Plasencia.

1537 – Es llamado a Portugal por el rey don Juan III.

Octubre de 1538 – Es elegido en el Capítulo provincial de Madre de Dios de Alburquerque Ministro provincial de San Gabriel y recibe la fundación del convento de Nuestra Señora de la Esperanza de Villanueva del Fresno (Badajoz).

Marzo de 1541 – Sale para el Capítulo general de Mantua, no pudiendo continuar su viaje más allá de Barcelona, por haber enfermado con grave indisposición. Aquí conoció y trabó estrecha amistad con el virrey de Cataluña quién llegó también a ser santo: Francisco de Borja.

1541-1542 – A finales del primero o principios de 1542 marcha a Portugal. Llega a las montañas de la Arrábida y construye con los demás religiosos las ermitas y recibe la visita del Ministro general, que aprueba el género de vida y funda la custodia de la Arrábida. Edifica también el convento de Palhâes, siendo su primer guardián y el primer Maestro de novicios de la custodia.

3 de octubre de 1544 – Es elegido por segunda vez Definidor de la provincia en el Capítulo de Madre de Dios de Alburquerque. Funda un Beaterio de doncellas en Jerez de los Caballeros. Muere también su madre en Alcántara, dejando su testamento hecho en 1540.

13 de febrero de 1549 – Escribe san Francisco de Borja desde Gandía una carta a san Pedro de Alcántara y se ofrece para apoyar las pretensiones del santo con el Papa Julio III sobre el porvenir de la custodia de la Arrábida.

1550 – Viaja otra vez a Portugal para asegurar el porvenir de la custodia y la fundación de la futura provincia de la Arrábida.

4 de octubre de 1554 – Se celebró Capítulo general en San Francisco de los Majaretes. Quedó en él sin oficio. Se le dio autorización a Pedro para hacer vida eremítica en Santa Cruz de Paniagua o de las Cebollas y en el Palancar.

22 de agosto de 1557 – Francisco de Borja escribe a Pdero de Alcántara desde Jarandilla, prometiéndole visitarle en su eremitorio del Palancar. Lo cumplió con toda probabilidad en noviembre a su regreso a Plasencia.

21 de septiembre de 1558 – Muere el emperador Carlos V en el monasterio de Yuste. Había intentado escoger en su vida y retiro a Pedro de Alcántara por confesor y director de su conciencia.

17-25 de agosto de 1560 – Estancia en Ávila de fray Pedro, llamado por doña Guiomar de Ulloa, para tratar de la fundación del convento en la dehesa de “Aldea del Palo” (Zamora). Con este motivo conoció a Teresa de Ahumada, empezando su interminable amistad espiritual con la reformadora del Carmelo. Se entendieron admirablemente, dando Teresa cuenta detallada de su conciencia a Pedro, que la aprobó y serenó con sus consejos y experiencias (Vida, cap.30, n.7).

14 de abril de 1562 – Carta de Pedro de Alcántara a Teresa de Jesús, estante en Toledo, desde Ávila, en la que le recomienda las fundaciones de conventos sin renta con el mejor encomio de la dama pobreza. Le da consejos prudentes para su gobierno.

Agosto de 1562 – Escribe al obispo de Ávila, D. Alvaro de Mendoza, para que recibiese y amparase a Teresa de Jesús en sus fundaciones.

14 de octubre de 1562 – Última carta del alcantarino a Teresa de Jesús animándola en las persecuciones que sufría por la fundación del convento de San José de Ávila.

18 de octubre de 1562 – Muere Pedro de Alcántara en Arenas (Ávila) “el domingo por la mañana, día de san Lucas, de 1562; a la edad de 63 años y de hábito 47”.

18 de abril de 1622 – Es beatificado por el Papa Gregorio XV por su breve “In sede Principis Apostolorum”.

19 de octubre de 1622 – La villa de Arenas y su comarca hacen solemne juramento y voto para guardar como día de fiesta el aniversario de la muerte de san Pedro y le eligen por Patrono principal, autorizados por el obispo de Ávila.

28 de abril de 1669 – Es canonizado por Clemente IX.

22 de octubre de 1674 – Es elegido Patrono principal de la diócesis y ciudad de Coria.

23 de diciembre de 1675 – Clemente X extiende el rescripto de aprobación del Patronato de san Pedro sobre la diócesis de Coria y su catedral.

31 de mayo de 1826 – D. Pedro de Alcántara, primer Emperador de Brasil, proclama a san Pedro de Alcántara como “principal patrón de todo el Imperio de Brasil”.

22 de febrero de 1962 – Juan XXIII declara a San Pedro de Alcántara Patrón principal, juntamente con Santa María de Guadalupe, de toda la región extremeña.por su breve “Commune patriae solum”.

NOVENA EN HONOR A SAN PEDRO DE ALCÁNTARA

Oración Preparatoria

Dios y Señor nuestro, que nos dais en vuestros Santos admirables ejemplos de virtudes, y que en el bienaventurado San Pedro de Alcántara nos presentáis un modelo acabado de oración, de humildad, de penitencia y de caridad ardiente; haced que nosotros nos esforcemos por imitarle en tan eximias disposiciones, para que, practicando un gran amor a Dios y al prójimo (1 Corintios 13, 1-13), unido a la Cruz o mortificación (Lucas, 14, 27) y vida de oración, o piedad (Mt., 26, 41), que son importantísimos medios para salvarnos, consigamos, como San Pedro, llegar a la mayor perfección o santidad en la tierra y después a la más excelsa gloria eterna en el Cielo.

Amén

Día Primero

Glorioso San Pedro de Alcántara, que sintiendo en tu alma un hambre grande de Cielo, supiste renunciar a todas las riquezas y goces del mundo, danos fuerza y decisión para apartar de nosotros cuanto dificulta nuestra futura salvación.

Amén

(Récese un Padrenuestro, Avemaría y Gloria, y luego pídase la gracia que se desea alcanzar).

(Y por último dígase el Responsorio y la Oración Final).

Día Segundo

Admirable San Pedro de Alcántara, que esforzándote día tras día, fuiste labrando en tu alma la efigie de una gran santidad, enséñanos a todos a ser verdaderos santos, llevando una vida prácticamente cristiana o en gracia de Dios.

Amén

Día Tercero

Penitentísimo San Pedro de Alcántara, tú que tuviste siempre la convicción de que sin mortificación nadie se ve libre de pecados, fortalece nuestro ánimo para que sepamos imitar decididamente tu esforzado espíritu de sacrificio.

Amén

Día Cuarto

Devotísimo San Pedro de Alcántara, cuyos fervores en la oración te arrastraron cientos de veces al éxtasis y los arrobamientos, mueve nuestra alma, hacia la práctica de toda buena obra y ayúdanos en las sequedades de espíritu y en todas las contradicciones de la vida.

Amén

Día Quinto

Misericordioso San Pedro de Alcántara, tan solícito siempre por las necesidades de cuerpo y alma de tus prójimos, haznos ver que sin la caridad no seremos discípulos de Cristo ni podremos entrar en el Cielo.

Amén

Día Sexto

Preclaro adalid San Pedro de Alcántara, que acometiste la gran Reforma de la Orden Franciscana empezando por reformar a fondo la propia vida, haznos mirar hacia dentro de nuestra conciencia, para comenzar allí la reforma que ansiamos ver en el mundo.

Amén

Día Séptimo

Gran enamorado de Nuestra Señora, San Pedro de Alcántara, que entraste de franciscano en un convento puesto bajo el patrocinio de la Santa Madre de Dios, María Santísima, y designaste con títulos marianos los Conventos por ti fundados, contágianos tu filial e intenso amor a la Virgen, nuestra Madre celestial.

Amén

Día Octavo

Valiente e invicto amador de la Santa Cruz, San Pedro de Alcántara, que supiste clavarte en ella cada día de tu vida, haznos perder el miedo a la cruz y descubrir en nuestros cotidianos trabajos y sufrimientos las astillas o méritos inmensos de esa Cruz que besamos con devoción.

Amén

Día Noveno

Bendito San Pedro de Alcántara, hijo insigne de la Madre Iglesia, y hoy florón y gloria de la Cristiandad universal, infunde en nosotros un vivo y práctico amor a la Iglesia de Jesucristo, arca de nuestra eterna salvación.

Amén

RESPONSORIO

Soberano Redentor a quien Pedro sirvió fiel todo el tiempo de su vida de modo que detenida fue vuestra ira por él.

Haced, Dios mío, el favor de que sea concedida nuestra súplica rendida por su mérito y tu amor.

Pues a Teresa, Señor, disteis palabra cumplida de que, el que en su nombre pida todo lo obtendría de Vos.

Haced, Dios mío el favor…

Rogad, Pedro, por nosotros a la divina Bondad, para que así consigamos su soberana Piedad.

Amén

ORACIÓN FINAL

Ruega por nosotros, San Pedro de Alcántara, para que seamos dignos de las promesas de Jesucristo.

OREMOS

¡Oh, Dios y Señor!, que te dignaste ilustrar al bienaventurado San Pedro de Alcántara, tu confesor, con el don de penitencia admirable y contemplación altísima. Concédenos propicio que, apoyados en sus méritos, y mortificados en la carne, merezcamos ser participantes de los celestiales dones y alcanzar la gracia que os pedirnos en esta novena.

Por Jesucristo nuestro Señor.

Amén

Portentoso San Pedro de Alcántara, ruega por nosotros

Pobreza, austeridad y dulzura de Pedro
Del Libro de su vida, de santa Teresa de Jesús, virgen y doctora de la Iglesia
Cap. 27, 16-20

Y ¡qué bueno nos le llevó Dios ahora en el bendito fray Pedro de Alcántara! No está ya el mundo para sufrir tanta perfección. Dicen que están las saludes más flacas y que no son los tiempos pasados. Este santo hombre de este tiempo era; estaba grueso el espíritu como en los otros tiempos, y ansí tenía el mundo debajo de los pies. Que, aunque no anden desnudos ni hagan tan áspera penitencia como él, muchas cosas hay –como otras veces he dicho– para repisar el mundo, y el Señor las enseña cuando ve ánimo. Y, ¡cuán grande le dio su Majestad a este santo que digo, para hacer cuarenta y siete años tan áspera penitencia, como todos saben!

Quiero decir algo de ella, que sé es toda verdad. Díjome a mí y a otra persona, de quien se guardaba poco, y a mí el amor que me tenía era la causa porque quiso el Señor le tuviese para volver por mí y animarme en tiempo de tanta necesidad, como he dicho y diré.

Paréceme fueron cuarenta años los que me dijo había dormido sola hora y media entre noche y día, y que éste era el mayor trabajo de penitencia que había tenido en los principios de vencer el sueño; y para esto estaba siempre o de rodillas o en pie. Lo que dormía era sentado y la cabeza arrimada a un maderillo que tenía hincado en la pared. Echado, aunque quisiera, no podía, porque su celda –como se sabe– no era más larga de cuatro pies y medio.

En todos estos años, jamás se puso la capilla, por grandes soles y aguas que hiciese, ni cosa en los pies, ni vestido, sino un hábito de sayal, sin ninguna otra cosa sobre sus carnes, y éste tan angosto como se podía sufrir, y un mantillo de lo mismo encima. Decíame que en los grandes fríos se le quitaba y dejaba la puerta y ventanilla abierta de la celda, para que, con ponerse después el manto y cerrar la puerta, contentase al cuerpo para que sosegase con más abrigo.

Comer a tercer día era muy ordinario, y díjome que de qué me espantaba, que muy posible era a quien se acostumbraba a ello. Un su compañero me dijo que le acaecía estar ocho días sin comer. Debía ser estando en oración, porque tenía grandes arrobamientos e ímpetus de amor Dios, de que una vez yo fui testigo.

Su pobreza era extrema y mortificación en la mocedad, que me dijo que le había acaecido estar tres años en una casa de su Orden y no conocer fraile si no era por la habla; porque no alzaba los ojos jamás; y ansí a las partes que de necesidad había de ir no sabía, si no íbase tras los frailes; esto le acaecía por los caminos. A mujeres jamás miraba, esto muchos años; decíame que ya no se le daba más ver que no ver. Mas era muy viejo cuando le vine a conocer, y tan extrema su flaqueza, que no parecía sino hecho de raíces de árboles.

Con toda esta santidad, era muy afable, aunque de pocas palabras, si no era con preguntarle; en éstas era muy sabroso, porque tenía muy lindo entendimiento. Otras cosas muchas quisiera decir, sino que he miedo me dirá vuestra merced que para qué me meto en esto, y con él lo he escrito, y ansí lo dejo con que fue su fin como la vida predicando y amonestando a sus frailes. Como vio ya se acababa, dijo el salmo de Laetatus sum in his quae dicta sunt mihi, e, hincado de rodillas, murió.

Después ha sido el Señor servido yo tenga más en él que en la vida, aconsejándome en muchas cosas. He visto muchas veces con grandísima gloria. Díjome, primera que me apareció, que bienaventurada penitencia que tanto premio había merecido, y otras muchas cosas. Un año antes que muriese, me apareció estando ausente y supe se había de morir y se lo avisé, estando algunas leguas de aquí. Cuando expiró, me apareció y dijo cómo se iba a descansar. Yo no lo creí y díjelo a algunas personas y desde a ocho días vino la nueva cómo era muerto, o comenzado a vivir para siempre, por mejor decir.

Hela aquí acabada esta aspereza de vida con tan gran gloria; paréceme que mucho más me consuela que cuando acá estaba. Díjome una vez el Señor que no le pedirían cosa en su nombre que no la oyese. Muchas que le encomendado pida al Señor las he visto cumplidas. Sea bendito por siempre.

Amén

ORACIÓN

Señor y Dios nuestro, que hiciste resplandecer a san Pedro de Alcántara por su admirable penitencia y su altísima contemplación, concédenos, por sus méritos, que, caminando en austeridad de vida, alcancemos más fácilmente los bienes del cielo.

Por nuestro Señor Jesucristo.