Santa Eulalia de Barcelona

Santa Eulalia

Santa Eulalia

Mártir

Fiesta: 10 Diciembre / 12 Febrero (Eulalia de Barcelona)

304

Fuente: corazones.org

Eulalia, de esclarecido linaje por su nacimiento, pero más todavía por su muerte, nació en Mérida a finales del siglo III, Prudencio hace una primorosa descripción de su martirio, coincidiendo admirablemente con las actas escritas por un testigo ocular. Murió, tras crueles torturas, a la edad de doce años, un día 10 de diciembre.

Daciano, gobernador romano, recorre la ciudades persiguiendo a los cristianos. Es así que entra en Mérida, arrasando sin tregua. Eulalia, una niña de doce años reta a las conciencias: “¿A que estáis aguardando? ¿Nadie es valiente de presentarse ante el gobernador y echarle en cara lo mal que hace persiguiendo a los que no hacen ningún mal?. Demostrad que sois cristianos y que defendéis a este Cristo ultrajado”.

El gran poeta Prudencio canta maravillas de la inocencia y el celo por Cristo de Eulalia. Sus padres, que conocían bien la valentía de su hija, sabían que ella era capaz de recriminar al gobernador en su cara. Por eso se la llevaron lejos de la ciudad. Pero desde la casa en el campo Eulalia seguía recordando la situación de los cristianos y no podía dormir. Una noche, sigilosamente, se levanto, abandono la casa de campo camino a la ciudad. Un cortejo de ángeles iluminaban su camino en aquella noche lóbrega. Al amanecer ya estaba ante el palacio del gobernador hablando públicamente con gran fervor en defensa de los cristianos y en contra de aquellas persecuciones. Pronto alguien lo comunico a Daciano, quien quiso conocerla, pensando que la atraería con sus halagos. Eulalia, al verse ante el gobernador le dijo, con gran valentía: “Decidme, malvado ¿que furia es la que os empuja a perseguir las almas y los cuerpos de los que no hacen ningún mal y solo porque adoran al verdadero Dios? Vosotros sois los que adoráis a ídolos que no existen o a hombres que si existen pero que son pecadores como vosotros. Date cuenta gobernador, que nada podrás hacer contra nosotros. Es el Dios mismo quien nos defiende. Aunque me quites la vida, se que resucitare a otra vida mejor”.

Daciano no sabia como reaccionar. Quiso mandarla a matar inmediatamente, pero se sentía retado a convencerla a apostatar. Le habló de sus padres, de su casa, de los favores que recibiría, cuanto oro y joyas quisiera. Bastaba una cosa: que reconociera a los dioses de los romanos y que abandonase la secta de los cristianos. Eulalia, llena de coraje, le dijo: “No pierdas tiempo, pretor, manda que me torturen y que me quiten la vida, porque no vas a conseguir nada conmigo”.

La llevaron a la cárcel. La cargaron de cadenas, y, poco después, por orden del pretor, era torturada bárbaramente: Rasgaron con unos garfios sus pechos, sus espaldas, todo su cuerpo virginal. Eulalia, con gran paz y alegría, decía: “Señor Jesús, he aquí que escriben tu nombre sobre mi cuerpo ¡Cuan agradable es leer estas letras que sellan, oh Cristo, tus victorias! La misma púrpura de mi sangre exprimida habla de tu santo nombre”.

Como ultimo tormento le quemaron con hachas encendidas todo su cuerpo y vieron salir por su boca una blanquísima paloma que volaba hacia el cielo. Era el 10 de diciembre del año 304.

Santa Eulalia de Barcelona

Se discute si es la misma que Sta. Eulalia de Mérida.

Virgen y mártir

+304

Nacida en Barcelona, España.

Fue torturada y crucificada durante la persecución de Diocleciano.

Se le venera en Francia y España.

Sus restos mortales están en la cripta de la catedral de Barcelona.

Los mártires están reservados para la diadema del Señor
Del tratado de san Cipriano, obispo y mártir, sobre los apóstatas, Cap. 2

Miramos a los mártires con gozo de nuestros ojos, y los besamos y abrazamos con el más santo e insaciable afecto, les son ilustres por la fama de su nombre y gloriosos por los méritos de su fe y valor. Ahí está la cándida cohorte de soldados de Cristo que, dispuestos para sufrir la cárcel armados para arrostrar la muerte, quebrantaron, con su irresistible empuje, la violencia arrolladora de los golpes la persecución.

Rechazasteis con firmeza al mundo, ofrecisteis a Dios magnífico espectáculo y disteis a los hermanos ejemplo para seguirlo. Las lenguas religiosas que habían declarado anteriormente su fe en Jesucristo lo han confesado de nuevo; aquellas manos puras que no se habían acostumbrado sino a obras santas se han resistido a sacrificar sacrílegamente; aquellas bocas santificadas con el manjar del cielo han rehusado, después de recibir el cuerpo y la sangre del Señor, mancharse con las abominables viandas ofrecidas a los ídolos; vuestras cabezas no se han cubierto con el velo impío e infame que se extendía sobre las cabezas de los viles sacrificadores; vuestra frente, sellada con el signo de Dios, no ha podido ser ceñida con la corona del diablo, se reservó para la diadema del Señor.

¡Oh, con qué afectuoso gozo os acoge la madre Iglesia, veros volver del combate! Con los héroes triunfantes, vienen las mujeres que vencieron al siglo a la par que a su sexo. Vienen, juntos, las vírgenes, con la doble palma de su heroísmo, y los niños que sobrepasaron su edad con su valor. Os sigue luego, por los pasos de vuestra gloria, el resto de la muchedumbre de los que se mantuvieron firmes, y os acompaña muy de cerca, casi con las mismas insignias de victoria.

También en ellos se da la misma pureza de corazón, la misma entereza de una fe firme. Ni el destierro que estaba prescrito, ni los tormentos que les esperaban, ni la pérdida del patrimonio, ni los suplicios corporales les aterrorizaron, porque estaban arraigados en la raíz inconmovible de los mandamientos divinos y fortificados con las enseñanzas del Evangelio.

ORACIÓN

¡Oh, Dios!, fuente de todos los bienes, que para llevarnos a la confesión de tu nombre te has servido incluso del martirio de los niños, haz que tu Iglesia, alentada por el ejemplo de santa Eulalia de Mérida, virgen y mártir, no tema sufrir por ti y desee ardientemente la gloria del premio eterno. Por nuestro Señor Jesucristo.