Epifanía del Señor

Relicario de los Reyes Magos - Catedral de Colonia
Relicario de los Reyes Magos – Catedral de Colonia

La verdad es que este tiempo de Navidad es impresionante. Jesucristo es reconocido por todos como el Mesías. Primero por los pequeños, los pobres, los últimos de la tierra: José y María, los pastores, Simeón y Ana.

Hoy se presenta como el Mesías a los Magos, a los sabios, a los entendidos, imagen de los paganos que se ponen en búsqueda de la verdad. Que siempre que uno busca la verdad encuentra a Cristo. (Y me viene a la memoria Pilato preguntando al Señor: ¿Qué es la verdad? Y la tenía a un palmo de sus narices.)

Los que buscan la verdad se han puesto en camino. No se puede llegar a Belén si no es poniéndose en marcha, poniéndose en camino, en movimiento. Hay que salir de uno mismo, de las cuatro paredes de nuestra rutina, y ponerse a buscar más allá de los acontecimientos simples de nuestra historia. Dios nos busca, nos llama, amanece una estrella que nos arranca de nuestra comodidad, de nuestra burguesía. Algo ha pasado, algo te ha puesto en jaque. Algo en tu historia te ha hecho preguntarte si Dios existe. ¿Qué te ha pasado? ¿Cómo Dios permite tu sufrimiento? ¿Acaso no es Dios tu padre?

Y buscando la verdad te encuentras con Herodes. Herodes es uno que ha matado a su mujer y a algunos de sus hijos, un hombre que se ha construido a sí mismo. Es uno que ha luchado duro para ser quien es, para que le reconozcan, para ser rey. No confía en nadie. Todos son sus rivales, sus enemigos. También Dios. Mi vida me la he forjado yo con mi esfuerzo. ¡Qué va a existir Dios! Dios es algo que se han inventado los curas para controlar a la gente. Dios no existe. Tú lo que tienes que hacer es trabajar, esforzarte, luchar, ser espabilado y dejarte de tonterías. ¿Te suena este Herodes?

Y a lo mejor en tu búsqueda te has encontrado también con los sacerdotes del templo. Ellos saben que Dios existe. Te han contado un montón de teorías, de historias. Como a Herodes. Le han dicho que efectivamente ha de nacer el Mesías en Belén, nada, a ocho kilómetros de aquí. Pero nosotros no vamos a ir a su encuentro. Son ellos la imagen del hombre religioso, de quien no quiere convertirse en absoluto. Tienen todo bien controlado y no piensan cambiar absolutamente nada en su vida. Faltaría más. Seguro que a estos también te los has encontrado si has iniciado la búsqueda de Cristo.

Y todo Jerusalén estaba sobresaltada. ¿El Mesías? ¿Para qué? Si no nos hace falta. Nosotros ya vivimos nuestra vida tranquilamente. No necesitamos que venga nadie a remover los cimientos de nuestra vida. Quita, quita. ¿Acaso te falta algo? Comemos bien, bebemos, festejamos y no pensamos demasiado. La vida nos sonríe y es muy breve. Vaya ganas de meterte en follones. Tus amigos, tus vecinos, tu familia. ¿Los reconoces?

Pero tú has visto la estrella, un amigo, una comunidad, un acontecimiento, que te ha llevado hasta Cristo. Y tu corazón se ha llenado de inmensa alegría. No eran espejismos. Dios te quiere. Te ha querido a lo largo de toda tu vida. Siempre ha estado a tu lado. Siempre ha estado ahí, como ahora, hecho un niño con María, su madre. Es rey, es Dios, es el crucificado.

Buen camino. Que nos veamos en Belén.