Domingo XXXIII (Ciclo A)

Desentierra tus talentos
¡Qué miedo me da este día el evangelio! Miedo por tantos cristianos que lo interpretarán de una manera completamente moralista. Y es que no sabemos abstraernos de este sentido del deber que acompaña a la entrega de los talentos, porque nunca nos han dado nada gratis. Sin embargo la historia es otra completamente. Es la historia de dos siervos que se encuentran encantados y felices y de otro que es un auténtico desastre. Pero, ¿qué son los talentos? ¿Cuál es el problema de este siervo? ¿Por qué es tan mezquino?

Los talentos no son las cualidades personales, como algunos se empeñan. Dice la parábola que un hombre que se iba de viaje llamó a sus empleados y les dejó encargados de sus bienes. Son los bienes del señor, no de los siervos. Nosotros tenemos nuestras propias cualidades y, seguramente, según estas cualidades son repartidos los bienes del patrón.

Si Dios reparte los talentos, ¿cuáles son los talentos que nos ha dejado? Los sacramentos, la palabra de Dios, una comunidad de hermanos, la Iglesia, el magisterio del Papa y los obispos, la providencia que nos alcanza tantas veces, el perdón de los pecados, el Espíritu Santo que ha sido derramado en nuestros corazones….La pregunta que deberíamos hacernos es ¿qué son todos estos bienes para nosotros?

El siervo inútil dice cosas tremendas de su señor. “Tengo miedo de ti, le dice, pienso que esto es una trampa, una prueba para ver dónde cazarme, dónde poder echarme luego en cara alguna cosa. Me das terror. Pienso mal de ti, ¿sabes? Por eso he metido en tierra lo que es tuyo, tómalo, aquí lo tienes, que a mí no me vas a pillar dando un paso en falso”. Y esto es lo que muchos piensan de Dios. Muchos que se llaman cristianos y piensan así de Dios. Por eso viven estancados en la fe que creen poseer. Piensan que Dios es un señor exigente, uno que siega donde no ha sembrado, que recoge donde no esparce. Uno que viene siempre exigiendo. Pero éste no es el señor que les ha dado todos sus bienes. Qué grande san juan Pablo II cuando fue elegido Papa, “abrid de par en par las puertas a Cristo, no tengáis miedo.” Y Benedicto XVI añadía, “Él no os quita nada y os lo da todo”…¿os acordáis?

En el fondo este evangelio habla de confianza: de la confianza de Dios en ti y de ti en Dios. Dios es uno que se fía de ti y de mí. Te da hasta lo que no me has pedido. Tómalo, es tuyo. Y tú y yo pensando mal de Dios, ¿por qué éste se fía de mí? Si Dios se ha fiado de ti para lo que sea cree que Dios te acompaña y te da todo lo que necesitas. Usemos todo lo que el Señor nos ha dado pero no porque es nuestro deber y si no lo hacemos nos va a pegar Dios con un palo en la cabeza, no, absolutamente. Usemos los bienes del Señor porque podemos hacer cosas maravillosas, anunciar el evangelio, vivir según la voluntad de Dios, perdonarnos las ofensas; porque nos espera el cielo, el banquete de nuestro Señor, la alegría colmada, un corazón nuevo.

Ojalá que el Señor nos conceda hoy poder fiarnos de Él de la misma manera que él se ha fiado de todos nosotros. No sea que por miedo a perder la vida vivamos nuestros días sometidos a la esclavitud del pecado. Ánimo hermano, que Dios te quiere.