Dedicación de Letrán

Maqueta del Templo de  Jerusalen
Maqueta del Templo de Jerusalen

Celebramos hoy otra fiesta de esas que pueden con el domingo. ¿Por qué esta fiesta es tan importante? Porque nos habla del Papa, de su sede, de la comunión con él, de la Iglesia, cuerpo real de Cristo, jerárquica y orgánica, llena de carismas y de funciones. Por eso hoy la liturgia de la Palabra está llena de referencias al templo.

El capítulo segundo del evangelio de Juan corresponde al día octavo de una nueva creación inaugurada por Cristo, y en este capítulo dos cosas maravillosas: las bodas de Caná y la expulsión de los vendedores del templo. He aquí la clave. Cristo que quiere desposarse contigo, el Amado que viene en tu busca a cortejarte, a  amarte, a hacerse uno contigo, y Cristo que viene a celebrar la Pascua contigo y conmigo, que hemos hecho de las cosas segundas algo fundamental, que nos hemos vendido al dinero y a los ídolos, como los del templo de Jerusalén.

Y Cristo hace un gesto profético y necesario que se nos escapa como tantos. La víspera de la pascua hebrea, después de oscurecer, el jefe de la casa inicia con los suyos la búsqueda de las levaduras viejas, (de los jametzs), símbolo del pecado, de acuerdo con la fórmula indicada en la Mishná, recorriendo la casa con una vela encendida. Se examina minuciosamente toda la casa, y se recogen cuidadosamente todos los fragmentos de levadura por medio de una brocha o un paquete de plumas. Cristo, cumpliendo este rito, se hace un azote de cordeles, y con esta “brocha” limpia su casa de las levaduras viejas para poder celebrar la pascua, que para esto ha subido a Jerusalén.

¡Cuánta levadura vieja hay en nosotros! ¡Cuánto ha de limpiar el Señor en nosotros para que podamos celebrar la Pascua con Él! ¡Cuánto tiene que hacer todavía Cristo para pasarnos de la religiosidad a la fe! ¡Cuánto ha de trabajar el Señor en nosotros para que no seamos impedimento alguno al torrente de gracia que brota de la Iglesia para salvar al mundo!

Ánimo, hermano. Cristo vive en la Iglesia. Él es la lámpara que ilumina nuestros pasos, la luz que ilumina nuestro pecado. Él viene a arrancar de nosotros el pecado, las levaduras viejas que nos quedan, para hacer con nosotros la Pascua, para darnos su espíritu, espíritu de hijos adoptivos. Déjate hoy sanar de tus pecados, déjate hoy arrancar de tu carne la idolatría vieja que te mata, el amor al dinero, tu burguesía, tus intenciones dobles y torcidas. ¡No tengas miedo! Cristo viene a hacer Pascua, a amarte en lo profundo, a desposarte, a hacer de ti su templo.