Al césar lo que es del césar… Domingo XXIX (Ciclo A)

Moneda de Tiberio
¿Dinos qué te parece? ¿Es lícito o no es lícito pagar el tributo al césar? Iría contra la ley de Moisés que no niega los tributos a los gobernantes responder que no es lícito, y sería reconocer la autoridad absoluta y definitiva de Roma responder lo contrario. ¿Quién responde a esa pregunta sin meter la pata?

Y Jesús responde de otra manera. No se deja llevar al terreno del adversario donde rigen las reglas propias del enemigo, que por eso cuando tonteamos con la tentación somos vencidos tan fácilmente. Pide una moneda, de las que el senado romano había dado permiso para acuñar ese año, donde el emperador se autoafirmaba como divino emperador, como Dios. El problema no es pagar o no pagar, sino que el emperador se autoproclama Dios. ¿Qué pone aquí, de quién es esta imagen, del césar? Pues dad al césar lo que le es propio y a Dios lo que es suyo. Si la moneda lleva la imagen del césar, ¿qué lleva impresa la imagen de Dios? El hombre. Pues a Dios lo que es de Dios, el pueblo de su propiedad, el hombre, comprado al precio de la sangre del hijo de Dios, tú y yo.

Vivir el evangelio de manera radical es dar a Dios lo que es de Dios. Pero a veces hacemos la distinción, o el mundo o Dios, y nos olvidamos de nuestra verdadera vocación, ser de Dios pero estando en el mundo, estar en el mundo pero sin ser del mundo. Los mártires de los primeros siglos han muerto precisamente por decir que solo Dios es Dios, por no reconocer la divinidad del césar. Ellos han hecho presente que los cristianos somos llamados a vivir en el mundo pero sin ser del mundo. Es la llamada de nuestro bautismo.

Con mucha frecuencia damos al césar lo que es de Dios. Necesitamos el discernimiento para poder entrar en la voluntad de Dios. Si Dios te ha llamado a formar una familia estarás dando a Dios lo que es suyo cuando te dediques a tu misión en la familia, cuando seas un esposo y un padre, o una esposa y una madre, y no otras tonterías. Si te ha llamado a ser presbítero, estarás dando a césar lo que es de Dios cuando te dediques a cosas insulsas, a hacer estupideces, a vivir de cosas segundas, mundanas.

¿El mundo o Dios? ¿Dios contra el mundo? No, estar en el mundo pero sin ser del mundo, siendo solo de Dios. Ahí está Ciro, rey de Persia, que nunca se convirtió a la fe del pueblo de Israel. Pero Dios se sirvió de Ciro, no creyente, para restaurar el tempo y la alianza. Por eso la pregunta fundamental de este domingo es ¿de quién soy yo? ¿A quién pertenezco? ¿A qué tengo pegado el corazón? Ese es el verdadero problema, porque uno puede vivir en el mundo siendo de Dios o encerrarse en un monasterio, moverse entre las cosas santas, pero no ser de Dios y ser completamente del mundo.

Combate, pues, el buen combate de la fe. Dios te ha comprado al precio de la sangre de Cristo, tus pecados han sido perdonados. Vive en el mundo, pero siendo de Dios, mostrando sin complejos la imagen del amor que llevas dentro, la imagen de quien es tu creador, la imagen y semejanza de tu dueño.