El banquete de bodas – Domingo XXVIII (Ciclo A)

El banquete de bodas

Experimentamos todos la más absoluta incapacidad de darnos la vida, de devolvernos la alegría cuando la hemos perdido, de curar nuestras angustias, de sanar nuestras heridas más profundas, las que el pecado va dejando en nosotros, los jirones del alma rasgada en lo más íntimo. Y el Señor nos prepara un banquete, la eucaristía, en un monte, la Iglesia (Is 25, 6-10). Será que nos ha visto desnutridos, famélicos, y quiere reponer nuestras fuerzas, y quiere sanarnos en lo profundo, darnos lo que nos falta, darnos la vida eterna. Porque es su carne verdadera comida, es manjar enjundioso, y también es su sangre verdadera bebida, es vino generoso. (Jn 6, 51.54)

Flaco favor la Iglesia si no da lo que ha recibido, (1Cor 11, 24), si no anunciara al hombre de cada tiempo la noticia que salva (1Cor 15,3+), el evangelio, que proclamado se hace kerygma, que salva al hombre de toda esclavitud, que da la vida.

Y tú y yo despreciamos la invitación tan fácilmente…matamos a quien viene a invitarnos a una fiesta, porque siempre tenemos mejores cosas que hacer, porque nos aburrimos, porque el cura es un canso, porque es cosa de viejas, porque me voy de viaje, porque tengo un partido, por lo que sea, porque nos gusta más tirarnos en el fango, como los cerdos gozan entre sus excrementos. Y seguimos sin vida, seguimos muertos, como un saco de huesos, de huesos secos (Ez 37). Pero es que no podemos, y lo hemos intentado de mil maneras, pero nunca logramos vivir en plenitud cada momento.

Ánimo, pues, lector. Ánimo. Ponte el traje de fiesta. No es que tengas que hacer obras de vida eterna con tu esfuerzo. Que no, que no te enteras. Que es el novio quien repartía el traje entre los convidados. Lo regalaba. Lo sigue regalando. Dios da su gracia. Los que por el bautismo fuimos salvados, fuimos también revestidos de Cristo. No, deja ya de esforzarte. Y acoge hoy la gracia que el Señor te regala desde el cielo. Es el traje de bodas para el banquete, no la desprecies. Despréndete del velo que te impide ver hoy un amor tan gratuito y déjate querer, déjate desposar por el Amado, a pesar de tus miedos y pecados. Él no te ha despreciado ni te desprecia.

Moab será aplastado en su sitio, como se aplasta la paja en el muladar. El Señor destruirá la muerte para siempre. Todos tus enemigos perecerán. Verás tú descender el demonio al infierno, que caerá como un rayo. Los ardides que usó cuando eras joven, las trampas que usa ahora, las mentiras de quien es mentiroso desde el principio, han perdido su fuerza, Cristo está vivo. Habrá alegría eterna, será ésta tu equipaje, como llevaban antes el hatillo sobre la cabeza, tú llevarás el gozo que da la vida eterna.

Conviértete hoy a Dios seas quien seas. Estés en el follón que andes metido, confía en el Señor, no tengas miedo. Déjate querer gratis. Cristo viene a tu encuentro. Él te invita a una fiesta, te cubrirá de gracias, tendrás la vida eterna.