DOMINGO XXVII (Ciclo A)

Los viñadores homicidas¡Cómo me sorprende siempre la Escritura. Y más ahora!

Evidentemente que la lectura del pasaje del evangelio de este domingo, la parábola de los viñadores homicidas se refiere directamente al pueblo de Israel. Basta ver un poco la historia de este pueblo, la alianza de Abrahán, la liberación de Egipto, la entrega de la tierra de promisión, los profetas, el destierro, más profetas, hasta llegar al Mesías, despreciado también por los suyos. Pero se me ocurren dos lecturas más al hilo de la scrutatio de este pasaje.

En un primer nivel se encuentra la Iglesia, como institución. Se ha contagiado del mundo, de su forma de pensar, de la búsqueda de eficacia, de la competitividad con el resto de las instituciones sociales, de los igualitarismos y los buenismos. ¡Cuánto de esto hay en la Iglesia! ¡Cuánta gente hoy en la Iglesia que sabe tanto, tantísimo, que se atreven a criticarlo todo, a desbaratarlo todo, a reducir la moral a un ideal psicológico, a quedarse solo con las luces despreciando las sombras, (pobre san Juan de la Cruz, nadie le entiende ahora su noche oscura, ni canta nadie gozoso el oh feliz culpa de la noche santa)! ¡Cuántos curas y obispos que se han adueñado de la viña, que se han apropiado los sacramentos y los han deformado hasta tal punto que ya no son lo que significan ni son eficaces, que hace poco estuve yo en una eucaristía que no lo fue porque no hubo consagración siquiera (1Tm 4,1+)! ¡Cuántos son perseguidos dentro de la propia Iglesia por querer ser fieles a la sana doctrina y las costumbres! Dios vuelve a decepcionarse por esta viña suya que lejos de dar frutos, sigue dando agrazones.

Hay un nivel más personal aún. Las gracias recibidas, los detalles de amor de Dios contigo, que preparó una historia maravillosa y santa para ti, te las has apropiado y ya no son gracias. Tu familia, tu vida, tu salud y tus fuerzas, tu trabajo, tus hijos,…todo te lo has labrado tú con tu esfuerzo. Dios no pintaba nada, o eso dices a veces. Todo lo has hecho tuyo salvo una cosa, tus pecados. Cada vez que esto pasa das agrazones. Al mirar el horóscopo, las brujas, los videntes, supersticiones varias, el tarot y la magia, das agrazones. Cada vez que te olvidas que el dinero es injusto, cada vez que le niegas la limosna al pobre de la puerta, cada vez que te adueñas de lo que se te ha dado injustamente, das agrazones. Cuando te crees bueno, cuando has cumplido con todo lo que tenías que cumplir y desprecias al otro porque es un vago, porque es un pecador, porque es ladino, porque bebe o se droga, porque es un delincuente y un sinvergüenza, mucho peor que tú, das agrazones. Cuando pides justicia porque te han insultado, porque has sido marcado por el desprecio, porque te han difamado, porque no te han tratado como tú te mereces, porque eres bueno, das agrazones…

Y Dios decepcionado con esta viña suya que da agrazones, con el pueblo de la alianza, con el nuevo Israel, contigo, también conmigo, nos envía a su Hijo (Ga 4,4+) a ver si ahora tú y yo nos convertimos, a ver si este torrente de su misericordia, de un amor más fuerte que la muerte, cura nuestras heridas y nos vemos por fin amados en cualquiera que sea nuestra miseria, en nuestros agrazones y pecados, tal como somos, y nos pase a ser hijos de nuestro Padre que está en los cielos, que hace salir el sol sobre justos e injustos.