Novena a San José

sanjose


Primer día – 10 de marzo
Segundo día – 11 de marzo
Tercer día – 12 de marzo
Cuarto día – 13 de marzo
Quinto día – 14 de marzo
Sexto día – 15 de marzo
Séptimo día – 16 de marzo
Octavo día – 17 de marzo
Noveno día – 18 de marzo

Primer día – 10 de marzo

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos Señor, Dios Nuestro.

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Amén.

Señor mío, Jesucristo, Dios y hombre verdadero. Creador, Padre y Redentor mío; por ser Tú quien eres, Bondad Infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón de haberte ofendido; también me pesa porque puedo condenarme con las penas del infierno.

Ayudado de tu divina gracia, propongo firmemente nunca más pecar, alejarme de toda ocasión de pecado, confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta.

Por Tu Misericordia, concédeme, Señor, la gracia de perseverar en Tu Santo Servicio hasta el final de mi vida en este mundo.

Amén.

¡Oh!, Gloriosísimo Padre de Jesús, Esposo de María. Patriarca y Protector de la Santa Iglesia, a quien el Padre Eterno confió el cuidado de gobernar, regir y defender en la tierra la Sagrada Familia; protégenos también a nosotros, que pertenecemos como fieles católicos a la Santa Familia de tu Hijo, que es la Iglesia, y alcánzanos los bienes necesarios de esta vida y, sobre todo, los auxilios espirituales para la vida eterna. Alcánzanos especialmente estas tres gracias:

  • La de no cometer jamás ningún pecado mortal, principalmente contra la castidad.
  • La de un sincero amor y devoción a Jesús y María.
  • Y la de una buena muerte, recibiendo bien los últimos Sacramentos.

¡Oh!, Benignísimo Jesús, así como consolaste a tu padre amado en las perplejidades e incertidumbres que tuvo, dudando si abandonar a tu Santísima Madre, su esposa, así te suplicamos humildemente, por intercesión de San José, nos concedas mucha prudencia y acierto en todos los casos dudosos y angustias de nuestra vida, para que siempre acertemos con tu Santísima Voluntad.

¡Oh!, custodio y padre de Vírgenes, San José, a cuya fiel custodia fueron encomendadas la misma inocencia de Cristo Jesús y la Virgen de las vírgenes, María; por estas dos queridísimas prendas, Jesús y María, te ruego y suplico me alcances, que preservado yo de toda impureza, sirva siempre castísimamente con alma limpia, corazón puro y cuerpo casto a Jesús y a María.

Amén.

Jesús, José y María, os doy mi corazón y el alma mía.

Jesús, José y María, asistidme en mi última agonía.

Jesús, José y María, con Vos descanse en paz el alma mía.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu Reino; hágase tu Voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.

Amén.

Dios te salve, María. Llena eres de gracia. El Señor es contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte.

Amén.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.

Amén.

Antífona.

Tenía el mismo Jesús, al empezar su vida pública, cerca de treinta años, hijo, según se pensaba, de José.

V. San José, ruega por nosotros.

R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.

Oración.

¡Oh, Dios!, que con inefable providencia te dignaste escoger al bienaventurado José por Esposo de tu Madre Santísima; concédenos que, pues le veneramos como protector en la tierra, merezcamos tenerle como protector en los cielos.

¡Oh, Dios! que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.

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Segundo día – 11 de marzo

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos Señor, Dios Nuestro.

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Amén.

Señor mío, Jesucristo, Dios y hombre verdadero. Creador, Padre y Redentor mío; por ser Tú quien eres, Bondad Infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón de haberte ofendido; también me pesa porque puedo condenarme con las penas del infierno.

Ayudado de tu divina gracia, propongo firmemente nunca más pecar, alejarme de toda ocasión de pecado, confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta.

Por Tu Misericordia, concédeme, Señor, la gracia de perseverar en Tu Santo Servicio hasta el final de mi vida en este mundo.

Amén.

¡Oh!, Gloriosísimo Padre de Jesús, Esposo de María. Patriarca y Protector de la Santa Iglesia, a quien el Padre Eterno confió el cuidado de gobernar, regir y defender en la tierra la Sagrada Familia; protégenos también a nosotros, que pertenecemos como fieles católicos a la Santa Familia de tu Hijo, que es la Iglesia, y alcánzanos los bienes necesarios de esta vida y, sobre todo, los auxilios espirituales para la vida eterna. Alcánzanos especialmente estas tres gracias:

  • La de no cometer jamás ningún pecado mortal, principalmente contra la castidad.
  • La de un sincero amor y devoción a Jesús y María.
  • Y la de una buena muerte, recibiendo bien los últimos Sacramentos.

¡Oh!, Benignísimo Jesús, así como consolaste a tu padre amado en la pobreza y desamparo de Belén, con tu nacimiento y con los cánticos de los Ángeles y visitas de los pastores, así también te suplicamos humildemente, por intercesión de San José, que nos concedas llevar con paciencia nuestra pobreza y desamparo en esta vida y que alegres nuestro espíritu con tu presencia y tu gracia y la esperanza de la gloria.

¡Oh!, custodio y padre de Vírgenes, San José, a cuya fiel custodia fueron encomendadas la misma inocencia de Cristo Jesús y la Virgen de las vírgenes, María; por estas dos queridísimas prendas, Jesús y María, te ruego y suplico me alcances, que preservado yo de toda impureza, sirva siempre castísimamente con alma limpia, corazón puro y cuerpo casto a Jesús y a María.

Amén.

Jesús, José y María, os doy mi corazón y el alma mía.

Jesús, José y María, asistidme en mi última agonía.

Jesús, José y María, con Vos descanse en paz el alma mía.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu Reino; hágase tu Voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.

Amén.

Dios te salve, María. Llena eres de gracia. El Señor es contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte.

Amén.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.

Amén.

Antífona.

Tenía el mismo Jesús, al empezar su vida pública, cerca de treinta años, hijo, según se pensaba, de José.

V. San José, ruega por nosotros.

R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.

Oración.

¡Oh, Dios!, que con inefable providencia te dignaste escoger al bienaventurado José por Esposo de tu Madre Santísima; concédenos que, pues le veneramos como protector en la tierra, merezcamos tenerle como protector en los cielos.

¡Oh, Dios! que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.

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Tercer día – 12 de marzo

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos Señor, Dios Nuestro.

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Amén.

Señor mío, Jesucristo, Dios y hombre verdadero. Creador, Padre y Redentor mío; por ser Tú quien eres, Bondad Infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón de haberte ofendido; también me pesa porque puedo condenarme con las penas del infierno.

Ayudado de tu divina gracia, propongo firmemente nunca más pecar, alejarme de toda ocasión de pecado, confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta.

Por Tu Misericordia, concédeme, Señor, la gracia de perseverar en Tu Santo Servicio hasta el final de mi vida en este mundo.

Amén.

¡Oh!, Gloriosísimo Padre de Jesús, Esposo de María. Patriarca y Protector de la Santa Iglesia, a quien el Padre Eterno confió el cuidado de gobernar, regir y defender en la tierra la Sagrada Familia; protégenos también a nosotros, que pertenecemos como fieles católicos a la Santa Familia de tu Hijo, que es la Iglesia, y alcánzanos los bienes necesarios de esta vida y, sobre todo, los auxilios espirituales para la vida eterna. Alcánzanos especialmente estas tres gracias:

  • La de no cometer jamás ningún pecado mortal, principalmente contra la castidad.
  • La de un sincero amor y devoción a Jesús y María.
  • Y la de una buena muerte, recibiendo bien los últimos Sacramentos.

¡Oh!, Benignísimo Jesús, así como consolaste a tu amado padre en el doloroso Misterio de la Circuncisión, recibiendo de él el dulce nombre de Jesús, así te suplicamos humildemente, por intercesión de San José, nos concedas pronunciar siempre con amor y respeto tu Santísimo Nombre, llevarlo en el corazón, honrarlo en la vida y profesar con obras y palabras que tú fuiste Nuestro Salvador y Jesús.

¡Oh!, custodio y padre de Vírgenes, San José, a cuya fiel custodia fueron encomendadas la misma inocencia de Cristo Jesús y la Virgen de las vírgenes, María; por estas dos queridísimas prendas, Jesús y María, te ruego y suplico me alcances, que preservado yo de toda impureza, sirva siempre castísimamente con alma limpia, corazón puro y cuerpo casto a Jesús y a María.

Amén.

Jesús, José y María, os doy mi corazón y el alma mía.

Jesús, José y María, asistidme en mi última agonía.

Jesús, José y María, con Vos descanse en paz el alma mía.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu Reino; hágase tu Voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.

Amén.

Dios te salve, María. Llena eres de gracia. El Señor es contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte.

Amén.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.

Amén.

Antífona.

Tenía el mismo Jesús, al empezar su vida pública, cerca de treinta años, hijo, según se pensaba, de José.

V. San José, ruega por nosotros.

R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.

Oración.

¡Oh, Dios!, que con inefable providencia te dignaste escoger al bienaventurado José por Esposo de tu Madre Santísima; concédenos que, pues le veneramos como protector en la tierra, merezcamos tenerle como protector en los cielos.

¡Oh, Dios! que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.

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Cuarto día – 13 de marzo

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos Señor, Dios Nuestro.

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Amén.

Señor mío, Jesucristo, Dios y hombre verdadero. Creador, Padre y Redentor mío; por ser Tú quien eres, Bondad Infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón de haberte ofendido; también me pesa porque puedo condenarme con las penas del infierno.

Ayudado de tu divina gracia, propongo firmemente nunca más pecar, alejarme de toda ocasión de pecado, confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta.

Por Tu Misericordia, concédeme, Señor, la gracia de perseverar en Tu Santo Servicio hasta el final de mi vida en este mundo.

Amén.

¡Oh!, Gloriosísimo Padre de Jesús, Esposo de María. Patriarca y Protector de la Santa Iglesia, a quien el Padre Eterno confió el cuidado de gobernar, regir y defender en la tierra la Sagrada Familia; protégenos también a nosotros, que pertenecemos como fieles católicos a la Santa Familia de tu Hijo, que es la Iglesia, y alcánzanos los bienes necesarios de esta vida y, sobre todo, los auxilios espirituales para la vida eterna. Alcánzanos especialmente estas tres gracias:

  • La de no cometer jamás ningún pecado mortal, principalmente contra la castidad.
  • La de un sincero amor y devoción a Jesús y María.
  • Y la de una buena muerte, recibiendo bien los últimos Sacramentos.

¡Oh!, Benignísimo Jesús, así como consolaste a tu padre amado de la pena que le causó la profecía de Simeón, mostrándole el innumerable coro de los Santos, así te suplicamos humildemente, por intercesión de San José, que nos concedas la gracia de ser de aquellos para quienes tu sirves, no de ruina, sino de resurrección, y que correspondamos fielmente a tu gracia para que vayamos a tu Gloria.

¡Oh!, custodio y padre de Vírgenes, San José, a cuya fiel custodia fueron encomendadas la misma inocencia de Cristo Jesús y la Virgen de las vírgenes, María; por estas dos queridísimas prendas, Jesús y María, te ruego y suplico me alcances, que preservado yo de toda impureza, sirva siempre castísimamente con alma limpia, corazón puro y cuerpo casto a Jesús y a María.

Amén.

Jesús, José y María, os doy mi corazón y el alma mía.

Jesús, José y María, asistidme en mi última agonía.

Jesús, José y María, con Vos descanse en paz el alma mía.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu Reino; hágase tu Voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.

Amén.

Dios te salve, María. Llena eres de gracia. El Señor es contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte.

Amén.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.

Amén.

Antífona.

Tenía el mismo Jesús, al empezar su vida pública, cerca de treinta años, hijo, según se pensaba, de José.

V. San José, ruega por nosotros.

R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.

Oración.

¡Oh, Dios!, que con inefable providencia te dignaste escoger al bienaventurado José por Esposo de tu Madre Santísima; concédenos que, pues le veneramos como protector en la tierra, merezcamos tenerle como protector en los cielos.

¡Oh, Dios! que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.

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Quinto día – 14 de marzo

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos Señor, Dios Nuestro.

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Amén.

Señor mío, Jesucristo, Dios y hombre verdadero. Creador, Padre y Redentor mío; por ser Tú quien eres, Bondad Infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón de haberte ofendido; también me pesa porque puedo condenarme con las penas del infierno.

Ayudado de tu divina gracia, propongo firmemente nunca más pecar, alejarme de toda ocasión de pecado, confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta.

Por Tu Misericordia, concédeme, Señor, la gracia de perseverar en Tu Santo Servicio hasta el final de mi vida en este mundo.

Amén.

¡Oh!, Gloriosísimo Padre de Jesús, Esposo de María. Patriarca y Protector de la Santa Iglesia, a quien el Padre Eterno confió el cuidado de gobernar, regir y defender en la tierra la Sagrada Familia; protégenos también a nosotros, que pertenecemos como fieles católicos a la Santa Familia de tu Hijo, que es la Iglesia, y alcánzanos los bienes necesarios de esta vida y, sobre todo, los auxilios espirituales para la vida eterna. Alcánzanos especialmente estas tres gracias:

  • La de no cometer jamás ningún pecado mortal, principalmente contra la castidad.
  • La de un sincero amor y devoción a Jesús y María.
  • Y la de una buena muerte, recibiendo bien los últimos Sacramentos.

¡Oh!, Benignísimo Jesús, así como tu amado padre te condujo de Belén a Egipto para librarte del tirano Herodes, así te suplicamos humildemente, por intercesión de San José, que nos libres de los que quieren dañar nuestras almas o nuestros cuerpos, nos des fortaleza y salvación en nuestras persecuciones y, en medio del destierro de esta vida, nos protejas hasta que volemos a la patria celestial.

¡Oh!, custodio y padre de Vírgenes, San José, a cuya fiel custodia fueron encomendadas la misma inocencia de Cristo Jesús y la Virgen de las vírgenes, María; por estas dos queridísimas prendas, Jesús y María, te ruego y suplico me alcances, que preservado yo de toda impureza, sirva siempre castísimamente con alma limpia, corazón puro y cuerpo casto a Jesús y a María.

Amén.

Jesús, José y María, os doy mi corazón y el alma mía.

Jesús, José y María, asistidme en mi última agonía.

Jesús, José y María, con Vos descanse en paz el alma mía.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu Reino; hágase tu Voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.

Amén.

Dios te salve, María. Llena eres de gracia. El Señor es contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte.

Amén.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.

Amén.

Antífona.

Tenía el mismo Jesús, al empezar su vida pública, cerca de treinta años, hijo, según se pensaba, de José.

V. San José, ruega por nosotros.

R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.

Oración.

¡Oh, Dios!, que con inefable providencia te dignaste escoger al bienaventurado José por Esposo de tu Madre Santísima; concédenos que, pues le veneramos como protector en la tierra, merezcamos tenerle como protector en los cielos.

¡Oh, Dios! que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.

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Sexto día – 15 de marzo

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos Señor, Dios Nuestro.

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Amén.

Señor mío, Jesucristo, Dios y hombre verdadero. Creador, Padre y Redentor mío; por ser Tú quien eres, Bondad Infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón de haberte ofendido; también me pesa porque puedo condenarme con las penas del infierno.

Ayudado de tu divina gracia, propongo firmemente nunca más pecar, alejarme de toda ocasión de pecado, confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta.

Por Tu Misericordia, concédeme, Señor, la gracia de perseverar en Tu Santo Servicio hasta el final de mi vida en este mundo.

Amén.

¡Oh!, Gloriosísimo Padre de Jesús, Esposo de María. Patriarca y Protector de la Santa Iglesia, a quien el Padre Eterno confió el cuidado de gobernar, regir y defender en la tierra la Sagrada Familia; protégenos también a nosotros, que pertenecemos como fieles católicos a la Santa Familia de tu Hijo, que es la Iglesia, y alcánzanos los bienes necesarios de esta vida y, sobre todo, los auxilios espirituales para la vida eterna. Alcánzanos especialmente estas tres gracias:

  • La de no cometer jamás ningún pecado mortal, principalmente contra la castidad.
  • La de un sincero amor y devoción a Jesús y María.
  • Y la de una buena muerte, recibiendo bien los últimos Sacramentos.

¡Oh!, Benignísimo Jesús, así como tu padre amado te sustentó en Nazaret, y en cambio tú le premiaste en tu Santísima Compañía, tantos años, con tu doctrina y tu dulce conversación, así te rogamos humildemente, por intercesión de San José, nos concedas el sustento espiritual de tu Gracia, y de tu Santa Comunión, y que vivamos santa y modestamente, como tú en Nazaret.

¡Oh!, custodio y padre de Vírgenes, San José, a cuya fiel custodia fueron encomendadas la misma inocencia de Cristo Jesús y la Virgen de las vírgenes, María; por estas dos queridísimas prendas, Jesús y María, te ruego y suplico me alcances, que preservado yo de toda impureza, sirva siempre castísimamente con alma limpia, corazón puro y cuerpo casto a Jesús y a María.

Amén.

Jesús, José y María, os doy mi corazón y el alma mía.

Jesús, José y María, asistidme en mi última agonía.

Jesús, José y María, con Vos descanse en paz el alma mía.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu Reino; hágase tu Voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.

Amén.

Dios te salve, María. Llena eres de gracia. El Señor es contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte.

Amén.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.

Amén.

Antífona.

Tenía el mismo Jesús, al empezar su vida pública, cerca de treinta años, hijo, según se pensaba, de José.

V. San José, ruega por nosotros.

R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.

Oración.

¡Oh, Dios!, que con inefable providencia te dignaste escoger al bienaventurado José por Esposo de tu Madre Santísima; concédenos que, pues le veneramos como protector en la tierra, merezcamos tenerle como protector en los cielos.

¡Oh, Dios! que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.

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Séptimo día – 16 de marzo

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos Señor, Dios Nuestro.

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Amén.

Señor mío, Jesucristo, Dios y hombre verdadero. Creador, Padre y Redentor mío; por ser Tú quien eres, Bondad Infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón de haberte ofendido; también me pesa porque puedo condenarme con las penas del infierno.

Ayudado de tu divina gracia, propongo firmemente nunca más pecar, alejarme de toda ocasión de pecado, confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta.

Por Tu Misericordia, concédeme, Señor, la gracia de perseverar en Tu Santo Servicio hasta el final de mi vida en este mundo.

Amén.

¡Oh!, Gloriosísimo Padre de Jesús, Esposo de María. Patriarca y Protector de la Santa Iglesia, a quien el Padre Eterno confió el cuidado de gobernar, regir y defender en la tierra la Sagrada Familia; protégenos también a nosotros, que pertenecemos como fieles católicos a la Santa Familia de tu Hijo, que es la Iglesia, y alcánzanos los bienes necesarios de esta vida y, sobre todo, los auxilios espirituales para la vida eterna. Alcánzanos especialmente estas tres gracias:

  • La de no cometer jamás ningún pecado mortal, principalmente contra la castidad.
  • La de un sincero amor y devoción a Jesús y María.
  • Y la de una buena muerte, recibiendo bien los últimos Sacramentos.

¡Oh!, Benignísimo Jesús, así como, por seguir la voluntad de tu Padre Celestial, permitiste que tu amado padre en la Tierra padeciese el vehementísimo dolor de perderte por tres días, así te suplicamos humildemente, por intercesión de San José, que antes queramos perder todas las cosas y disgustar a cualquier amigo, que dejar de hacer tu Voluntad; que jamás te perdamos a ti por el pecado mortal, o que si por desgracia te perdiésemos, te hallemos mediante una buena confesión.

¡Oh!, custodio y padre de Vírgenes, San José, a cuya fiel custodia fueron encomendadas la misma inocencia de Cristo Jesús y la Virgen de las vírgenes, María; por estas dos queridísimas prendas, Jesús y María, te ruego y suplico me alcances, que preservado yo de toda impureza, sirva siempre castísimamente con alma limpia, corazón puro y cuerpo casto a Jesús y a María.

Amén.

Jesús, José y María, os doy mi corazón y el alma mía.

Jesús, José y María, asistidme en mi última agonía.

Jesús, José y María, con Vos descanse en paz el alma mía.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu Reino; hágase tu Voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.

Amén.

Dios te salve, María. Llena eres de gracia. El Señor es contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte.

Amén.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.

Amén.

Antífona.

Tenía el mismo Jesús, al empezar su vida pública, cerca de treinta años, hijo, según se pensaba, de José.

V. San José, ruega por nosotros.

R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.

Oración.

¡Oh, Dios!, que con inefable providencia te dignaste escoger al bienaventurado José por Esposo de tu Madre Santísima; concédenos que, pues le veneramos como protector en la tierra, merezcamos tenerle como protector en los cielos.

¡Oh, Dios! que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.

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Octavo día – 17 de marzo

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos Señor, Dios Nuestro.

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Amén.

Señor mío, Jesucristo, Dios y hombre verdadero. Creador, Padre y Redentor mío; por ser Tú quien eres, Bondad Infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón de haberte ofendido; también me pesa porque puedo condenarme con las penas del infierno.

Ayudado de tu divina gracia, propongo firmemente nunca más pecar, alejarme de toda ocasión de pecado, confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta.

Por Tu Misericordia, concédeme, Señor, la gracia de perseverar en Tu Santo Servicio hasta el final de mi vida en este mundo.

Amén.

¡Oh!, Gloriosísimo Padre de Jesús, Esposo de María. Patriarca y Protector de la Santa Iglesia, a quien el Padre Eterno confió el cuidado de gobernar, regir y defender en la tierra la Sagrada Familia; protégenos también a nosotros, que pertenecemos como fieles católicos a la Santa Familia de tu Hijo, que es la Iglesia, y alcánzanos los bienes necesarios de esta vida y, sobre todo, los auxilios espirituales para la vida eterna. Alcánzanos especialmente estas tres gracias:

  • La de no cometer jamás ningún pecado mortal, principalmente contra la castidad.
  • La de un sincero amor y devoción a Jesús y María.
  • Y la de una buena muerte, recibiendo bien los últimos Sacramentos.

¡Oh!, Benignísimo Jesús, que en la hora de su muerte consolaste a tu glorioso padre, asistiendo juntamente con tu Madre, su esposa, a su última agonía, te suplicamos humildemente, por intercesión de San José, que nos concedas una muerte semejante a la suya, asistido de tu bondad, de tu Santísima Madre y del mismo glorioso patriarca protector de los moribundos, pronunciando al morir vuestros Santísimos Nombres, Jesús, María y José.

¡Oh!, custodio y padre de Vírgenes, San José, a cuya fiel custodia fueron encomendadas la misma inocencia de Cristo Jesús y la Virgen de las vírgenes, María; por estas dos queridísimas prendas, Jesús y María, te ruego y suplico me alcances, que preservado yo de toda impureza, sirva siempre castísimamente con alma limpia, corazón puro y cuerpo casto a Jesús y a María.

Amén.

Jesús, José y María, os doy mi corazón y el alma mía.

Jesús, José y María, asistidme en mi última agonía.

Jesús, José y María, con Vos descanse en paz el alma mía.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu Reino; hágase tu Voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.

Amén.

Dios te salve, María. Llena eres de gracia. El Señor es contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte.

Amén.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.

Amén.

Antífona.

Tenía el mismo Jesús, al empezar su vida pública, cerca de treinta años, hijo, según se pensaba, de José.

V. San José, ruega por nosotros.

R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.

Oración.

¡Oh, Dios!, que con inefable providencia te dignaste escoger al bienaventurado José por Esposo de tu Madre Santísima; concédenos que, pues le veneramos como protector en la tierra, merezcamos tenerle como protector en los cielos.

¡Oh, Dios! que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.

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Noveno día – 18 de marzo

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos Señor, Dios Nuestro.

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Amén.

Señor mío, Jesucristo, Dios y hombre verdadero. Creador, Padre y Redentor mío; por ser Tú quien eres, Bondad Infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón de haberte ofendido; también me pesa porque puedo condenarme con las penas del infierno.

Ayudado de tu divina gracia, propongo firmemente nunca más pecar, alejarme de toda ocasión de pecado, confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta.

Por Tu Misericordia, concédeme, Señor, la gracia de perseverar en Tu Santo Servicio hasta el final de mi vida en este mundo.

Amén.

¡Oh!, Gloriosísimo Padre de Jesús, Esposo de María. Patriarca y Protector de la Santa Iglesia, a quien el Padre Eterno confió el cuidado de gobernar, regir y defender en la tierra la Sagrada Familia; protégenos también a nosotros, que pertenecemos como fieles católicos a la Santa Familia de tu Hijo, que es la Iglesia, y alcánzanos los bienes necesarios de esta vida y, sobre todo, los auxilios espirituales para la vida eterna. Alcánzanos especialmente estas tres gracias:

  • La de no cometer jamás ningún pecado mortal, principalmente contra la castidad.
  • La de un sincero amor y devoción a Jesús y María.
  • Y la de una buena muerte, recibiendo bien los últimos Sacramentos.

¡Oh!, Benignísimo Jesús, así como has elegido, por medio de tu Vicario en la Tierra, a tu amado padre para protector de tu Santa Iglesia Católica, así te suplicamos humildemente, por intercesión de San José, nos concedas el que seamos verdaderos y sinceros católicos, que profesemos sin error la fe católica, que vivamos sin miedo una vida digna de la fe que profesamos, y que jamás puedan los enemigos ni aterrarnos con persecuciones, ni con engaños seducirnos y apartamos de la única y verdadera religión, que es la Católica.

¡Oh!, custodio y padre de Vírgenes, San José, a cuya fiel custodia fueron encomendadas la misma inocencia de Cristo Jesús y la Virgen de las vírgenes, María; por estas dos queridísimas prendas, Jesús y María, te ruego y suplico me alcances, que preservado yo de toda impureza, sirva siempre castísimamente con alma limpia, corazón puro y cuerpo casto a Jesús y a María.

Amén.

Jesús, José y María, os doy mi corazón y el alma mía.

Jesús, José y María, asistidme en mi última agonía.

Jesús, José y María, con Vos descanse en paz el alma mía.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu Reino; hágase tu Voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.

Amén.

Dios te salve, María. Llena eres de gracia. El Señor es contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte.

Amén.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.

Amén.

Antífona.

Tenía el mismo Jesús, al empezar su vida pública, cerca de treinta años, hijo, según se pensaba, de José.

V. San José, ruega por nosotros.

R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.

Oración.

¡Oh, Dios!, que con inefable providencia te dignaste escoger al bienaventurado José por Esposo de tu Madre Santísima; concédenos que, pues le veneramos como protector en la tierra, merezcamos tenerle como protector en los cielos.

¡Oh, Dios! que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.

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