San Juan Clímaco

San Juan Clímaco

Abad

Fiesta: 30 de marzo

Martirologio Romano: En el monte Sinaí, san Juan, abad, que compuso la célebre obra Escala del Paraíso, para la instrucción de los monjes, señalando el camino del progreso espiritual a modo de una ascensión por treinta peldaños hacia Dios, de donde mereció ser nombrado con el sobrenombre de Clímaco (649).

Etimológicamente: Juan = Dios es misericordia, es de origen hebreo.

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Novena a la Divina Misericordia

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Deseo que durante estos nueve días encamines almas hasta el manantial de Mi misericordia, para que encuentren allí la fortaleza, el refugio y toda aquella gracia que necesiten en las penalidades de la vida, y especialmente en la hora de la muerte. Cada día traerás a Mi corazón un grupo de almas diferentes y las sumergirás en el océano de Mi misericordia y Yo conduciré todas esas almas a la mansión de Mi Padre… Todos los días implorarás a Mi Padre gracias para esas almas en atención a los méritos de mi amarga Pasión.”

Del diario de sor Faustina

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Hora Santa

Santa Margarita María de Alacocque

Caía la tarde del Jueves Santo… Junto con las primeras sombras, los horrores de una agonía espantable inundaban ya el Corazón desgarrado de Jesús… El Nazareno Salvador era el Hijo del Hombre…, tenía una madre, ¡única en su ternura, divina en su hermosura! Su cariño y mirada eran para Jesús más que el cantar de los ángeles, más que el aura perfumada de los cielos… Era Ella la bendición del Padre… ¡Y debía dejarla, por amor de los humanos! ¡Oh, Jueves Santo, día de las despedidas supremas del Maestro!… Había llegado su hora: postrado en tierra, de rodillas ante la Virgen María, el Hijo-Dios le pide licencia para morir, en redención de sus verdugos… Y entrecortada la voz por los sollozos, descansando su cabeza soberana sobre el pecho de su Madre, le confía Jesús a las ovejitas recobradas del rebaño… María le tiene estrechado entre los brazos, puesto el recuerdo en la cuna de Belén, y los ojos, milagrosamente iluminados, en el Calvario del mañana… Y esa Reina llora, ungiendo la cabeza del redentor con sus preciosas lágrimas…; llora, ofreciendo al Eterno Padre esa Víctima, el Cordero Inmaculado…; llora, bendiciendo al mundo, cuyo rescate comenzó en la casita dichosa de Nazaret, y que terminará al siguiente día en un cadalso de horror, de sangre y de vergüenza… Abraza, delirante de amor, al Hijo, y antes que las espinas profanen su frente, la besa en nombre del cielo, porque es su Dios…; vuelve a besarlo en nombre de la tierra, porque es su Rey…, y pronuncia un ¡fiat! desgarrador, omnipotente… Era ya la noche; Jesús ha confiado su madre desolada a los amigos de Betania y a los ángeles, y se aleja, llevando el alma anegada en una agonía más amarga que la muerte…

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San Toribio Alfonso de Mogrovejo

San Toribio Alfonso de Mogrovejo

Arzobispo de Lima, Perú

“Santo Padre de América”

1606 P.C.

Fiesta: 23 marzo

Nació en España hacia el 1538, y estudió derecho en Salamanca. Nombrado obispo de Lima el año 1580, marchó a América. Lleno de celo apostólico, reunió numerosos sínodos y concilios que promovieron con mucho fruto la vida religiosa de todo el virreinato. Defendió con valentía los derechos de la Iglesia, con gran dedicación a su grey y preocupación, sobre todo, por la población autóctona.

Murió el año 1606.

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Los siete domingos en honor a San José – Séptimo Domingo

San José
San José

Toda la vida de San José fue un acto continuo de fe y obediencia.

Hay una maravillosa tradición cuyo origen se remonta al siglo XVI que consiste en dedicar los siete domingos anteriores a la fiesta de San José, a acudir con especial detenimiento al Esposo de María Virgen, para expresarle cariño y pedirle mercedes.

Se suelen «contemplar» o considerar, los principales misterios acontecidos a los largo de su vida en la tierra entretejidos de gozos y dolores, en los que se refleja de algún modo toda vida humana, la nuestra, y en la que encontramos luz, serenidad, fortaleza, sentido sobrenatural, amor a Dios Padre, a Dios Hijo, a Dios Espíritu Santo y a la Santísima Virgen.

Toda la vida de San José fue un acto continuo de fe y obediencia en las circunstancias más difíciles y oscuras en que le puso Dios. Él es al pie de la letra “el administrador fiel y solícito a quien el Señor ha puesto al frente de su familia” (Lc 12, 42). Desde tiempo inmemorial, la Iglesia lo ha venido venerando e invocando como continuador en ella de la misión que un día tuviera para con su Fundador y Madre.

En los momentos de noche oscura, el ejemplo de José es un estímulo inquebrantable para la aceptacíón sin reservas de la voluntad de Dios. Para propiciar ese veneración e imitación y para solicitar su ayuda, ponemos a continuación el siempre actual Ejercicio de los siete Dolores y Gozos.

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